Las páginas de nuestra historia se tiñen de un profundo luto que une a dos generaciones en un mismo sándwich de fechas y de gloria. Hoy, 17 de julio, se cumplen 205 años de la mañana de 1821 en que el Brigadier General Fulgencio Yegros —cuyo nombre significa "brillante, resplandeciente"— fue fusilado bajo el "Naranjo de la Residenta" por orden del Dr. Francia.
Nacido en febrero de 1780 en Quyquyhó, Yegros fue una figura clave en la Revolución de Mayo de 1811 que condujo a la independencia del Paraguay. Tras la gesta patriótica, ocupó diversos cargos de la máxima relevancia, incluyendo el de primer cónsul junto a Francia en 1813. Sin embargo, la relación entre ambos se deterioró y, en 1820, participó en una conspiración para derrocar al Dictador. El descubrimiento del plan llevó a su arresto y posterior ejecución en 1821. Este trágico evento marcó el fin de una etapa dorada dominada por los líderes de la independencia, consolidando el poder absoluto de Francia. La ejecución de Yegros se convirtió en el símbolo más crudo de la transformación de la revolución en dictadura; un quiebre institucional que lo convirtió en un mártir de la independencia y víctima del autoritarismo. Tras el exterminio y silenciamiento que impuso la tiranía, sus legados pasaron a un injusto segundo plano. Si se quiere hasta el presente.
Pero el destino quiso que el calendario guardara una coincidencia temporal que estremece. Mañana, 18 de julio, se cumple el aniversario de la muerte de su hijo, el Coronel Rómulo José Yegros Esperati (Speratti), (fruto de su matrimonio con doña Josefa Facunda Esperatti Uriburu). Solo 45 años separan el trágico final de ambos, convirtiendo estos dos días de julio en un verdadero santuario de la memoria. Ambos murieron por la patria con poco màs de 40 años.
Fue el 18 de julio de 1866, durante las sangrientas jornadas de la Guerra Guasú, cuando el Coronel Yegros cayó heroicamente en el sector de Potrero / Boquerón del Sauce (distrito de Humaitá, Ñe'embucú), liderando una trinchera frente al avance de las fuerzas aliadas. En ese escenario de violencia extrema se cruzaron los destinos de hombres formidables: allí cayó el implacable militar español-uruguayo León de Palleja por el bando de la Triple Alianza, y del lado paraguayo entregó su vida el heroico general Elizardo Aquino, el verdadero "León Luqueño", junto al coronel Vallejos. Rómulo recibió un disparo en el pecho y, tras agonizar tenazmente, falleció poco después cuando era trasladado hacia Asunción. El propio general José E. Díaz ordenó recoger su cadáver para ser sepultado con los máximos honores militares en el cementerio de Paso Pucú. Al igual que la de su padre, su memoria quedó injustamente eclipsada por décadas, pero su huella continental es monumental.
Rómulo había nacido el 6 de julio de 1818, por lo que apenas tenía dos años cuando le arrebataron a su padre en el Naranjo. Sin embargo, creció para convertirse en el hombre que, como perfilara Fidel Maíz, tenía las condiciones para heredar el liderazgo de la República. Lejos de ser un militar pasivo, Rómulo fue quien "abrió la cancha" para el Paraguay mediterráneo. Documentado en el Archivo Nacional de Asunción (ANA) y en la prensa de la época, cruzó en dos oportunidades a caballo y a pie todo el Río Grande del Sur en Brasil para buscar una salida comercial hacia el océano Atlántico, abriendo la ruta diplomática que luego lo llevaría a Río de Janeiro y a Europa (1853-1854) en la crucial comitiva de apertura al mundo junto a Francisco Solano López.
Y es en esa travesía continental donde se cierra el círculo de un Pacto de Sangre que venía desde el principio del siglo.
El origen: Enero de 1807
En las Invasiones Inglesas, durante el combate del Buceo en Montevideo, el joven oficial paraguayo Fulgencio Yegros cayó gravemente herido en la espalda. Fue el Blandengue José Gervasio Artigas quien lo rescató bajo fuego y le salvó la vida en una cirugía de emergencia. Historiadores como Wisner de Morgenstern y Julio César Chaves destacan que allí nació una hermandad inquebrantable. Yegros le dedicó unas décimas al Protector que se volvieron canción patriótica y que en 1819 llevaron a varios jóvenes a las prisiones de Asunción por cantarla en las calles en claro desafío al aislamiento de Francia: “…Aunque digas o no digas lo que siente tu corazón: repites el nombre de Artigas, por salvador de la Nación. Viva el General Artigas, su tropa bien arreglada: lejos de malas intrigas, tiene la causa ganada...”
14 de Mayo de 1850: El "tío" recibe al "sobrino" en la Santísima Trinidad
Cuarenta y tres años después de aquel rescate en el Buceo, el 14 de mayo de 1850 —coincidiendo simbólicamente con la fecha patria paraguaya— el entonces Teniente de Caballería Rómulo Yegros llegó hasta los campos de la Santísima Trinidad en Uruguay. Iba a visitar al viejo Protector en su exilio. Era, moralmente, el sobrino yendo a abrazar al hombre que le había salvado la vida a su padre antes de que él siquiera naciera.
En ese histórico encuentro, fue el propio Artigas quien le obsequió a Rómulo un tesoro: un ejemplar de "La conversación consigo mismo", obra del Marqués de Caraccioli (traducido por Francisco Mariano Nifo, Madrid, 1817). En sus páginas, el viejo caudillo dejó estampada una dedicatoria de su puño y letra:
"A mi Exmo. amigo Tte. de Cablle Dn. Romulo Jòsé de Yegros. Santma. Tdad. Mayo 14 de 1850. JOSE ARTIGAS"
Aunque durante mucho tiempo se tejió confusión alrededor de la fecha y la firma, un riguroso estudio caligráfico resguardado en la biblioteca del Palacio Legislativo del Uruguay en el años 2011 certificó de manera inapelable la veracidad histórica del documento: la firma es auténtica y de puño y letra de José Gervasio Artigas. ESTA ES LA VERDADERA ÙLTIMA FIRMA DE DON JOSÈ!.
El regreso a Uruguay en 1930: Devolución de hermandad
Ese libro sagrado permaneció custodiado celosamente por la familia Yegros en Paraguay. En 1930, con motivo del centenario de la independencia uruguaya, la familia Yegros decidió donar la reliquia al Poder Legislativo uruguayo. Lo hizo en un contexto profundamente emotivo: como un gesto de gratitud.
La encargada de llevar el libro a Montevideo fue su pequeña hija, Enriqueta Alejandrina Yegros, biznieta del prócer, quien integraba una delegación escolar de 150 jóvenes alumnos costeada por la Comisión Nacional del Centenario. La reliquia regresó paso a ser custodiada en el Palacio Legislativo, manteniendo vivo el lazo del Solar de Ibiray donde Rómulo y el viejo Caudillo se habían abrazado ochenta años antes.
Nota de la página: Aprovechamos este santuario de la memoria para enviar un saludo muy especial y un abrazo fraterno a los descendientes de la familia Yegros, entrañables amigos de esta casa, constantes colaboradores y fieles seguidores de nuestro blog y artículos. Es gracias a su custodia del recuerdo familiar que estas verdades históricas siguen latiendo con fuerza en la Provincia Gigante.
¡Memoria eterna a los Yegros, a la lealtad artiguista y a la Patria Grande!
Roberto Schiappapietra
La Huella de Josè Artigas
2026
Orcid/0009-0008-9152-6273
P.D.; Querida Marga, en un futuro 14 de mayo cuando todo se caiga vamos a ver que volverà la memoria al corazòn del Pueblo


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