jueves, 20 de agosto de 2026

Efemérides artiguistas: Del mito del 20 de agosto y el exilio como trinchera (1820) a la compleja exhumación de sus restos (1855)

 El problema de las fechas y las distancias:

Tomemos el año 1820: la historiografía tradicional suele fijar el 20 de agosto como el momento en que Artigas, desde la Tranquera de San Miguel, envía su carta pidiendo asilo al Dr. Francia. Si pensamos que el 15 de agosto el prócer estaba en Asunción del Cambay (cerca de Monte Caseros, Corrientes), y que debían recorrerse unos 500 kilómetros a caballo —teniendo en cuenta las travesías y los recorridos habituales de Artigas, que aunque eran por tierras planas no dejaban de exigir esfuerzo en la difícil selva misionera, hacia Santa Ana, nos resulta dificil aceptar la fecha del 20 de agosto y luego desde Candelaria y Campichuelo en Itapúa—, para que un chasque fuera, el Dictador decidiera, y Artigas cruzara finalmente el 5 de septiembre (llegando el 14 de Septiembre a Asuncion escoltado por sus lanceros y los húsares), es matemáticamente improbable que esa carta esté fechada el día 20. Ese despacho debió realizarse varios días después, tal como sugieren las fuentes de la época (Renger, Longchamp) y la cruda realidad de los tiempos del chasque. Suponemos fue por el dia 25 

Al revisar las fuentes y documentos, muchas veces nos enfocamos únicamente en las grandes figuras, perdiendo el rastro de quienes sostuvieron con sus propias pisadas este éxodo. En mis investigaciones de 2023, logré ubicar testimonios directos de aquellos lanceros que se unieron a la marcha en las costas del río Uruguay, con menciones específicas a pasos y concentraciones en puntos como San Borja y Santo Tomé.

Estos relatos nos confirman que el Protector no marchaba solo hacia el ocaso: un núcleo de leales continuó sumándose a su estela en medio del desbande general, antes de afrontar el definitivo cruce del Paraná.

 Los Testimonios de la Época (1820)

La carta, nunca aparecio, solo encontramos textos referentes de la época  y un ejemplo de la misma llegaria en el año 1974 de parte de Roa bastos la cual comparto en este post.

          - Su intención era ingresar al Paraguay bajo las condiciones que se le impusieran, de no accederse en esa solicitud, ingresaría, se internaría en las selvas paraguayas y allí viviría en estado de soledad con los recursos que le diera la naturaleza.

          La respuesta a esta, ansiada contestación…, se hizo esperar hasta principios de setiembre en la cual se autorizaba el ingreso al País…  El día 5 como sabemos bajo del Cerro Santa Ana, actual Misiones Arg. y atravesó por el paso de Candelaria a Campichuelo, departamento de Itapùa, Py. ¿Buscaría allí nuevos recursos para su causa perdida? Una vez logrado esto, ¿volvería al suelo natal? ¿Qué ideas cruzaban por la mente del Protector de los Pueblos Libres?

En la orilla opuesta les esperaba el Gobernador Militar del lugar con numerosa escolta a quien Don José entrego su espada, un bastón que portaba, mas otra misiva dirigida al Supremo Dictador.

            Entre las condiciones exigidas, para su asilo estaban: la dispersión y el desarme de sus acompañantes, lo que se cumplió y los que una vez internados en la selva fueron disgregados por diversos parajes. Esta decision tomada por Gaspar R. de Francia se encontraba establecida gracias a la junta gubernativa en octubre de 1812 (Coleccion Artigasm tomo 10, documento 506)

            Hay relatos sin pruebas concretas que nos cuentan que muchos de ellos fueron fusilados sin previo juicio, esta tesis no tiene fundamentos ya que otros hechos hacen dudar de esas ejecuciones, por ejemplo sabemos según libros de caja que se les entrego a la gente ponchos etc.

Texto de “Yo el Supremo”,  novela del escritor paraguayo Augusto Roa Bastos, publicada en 1974, cuando Roa todavía vivía exiliado en Buenos Aires.

Cuando a su vez fue traicionado por su lugarteniente Ramírez que se alzó con su tropa y su dinero, perdida hasta la ropa, Artigas vino a refugiarse en el Paraguay. Mi alternativo extorsionado mi jurado enemigo, el promotor de conjuras contra mi Gobierno, se avanzó a mendigarme asilo. Yo le concedí trato humanitario. En una situación como la mía, el más magnánimo de los gobernantes no habría hecho caso de este bárbaro, que no era acreedor a la compasión sino al castigo. Yo reventé de generosidad. No solamente lo admití a él y al resto de su gente. También gasté liberalmente centenares de pesos en socorrerlo, mantenerlo, vestirlo, pues llegó desnudo, sin más vestuario ni equipo que una chaqueta colorada y una alforja vacía. Ninguno los ruines, aturdidos revoltosos que habían fundado en él las mayores esperanzas de ventajas y adelantamientos, le hizo la menor limosna. Yo le di lo que me pidió en la carta que me escribió desde la Tranquera de San Miguel, dentro ya de nuestras fronteras. 

La carta de Artigas era sincera."1"

No mentía en cuanto a su guerra contra españoles, portugueses- brasileros y porteños. No dejé de tomarlo en cuenta. Si a muchos los desvíos en la defensa de una causa justa los condenan, los principios, las proyecciones de esa causa contribuyen a rescatar aunque sea parcialmente a los errados que no son cerrados en el error. Artigas, hundido en tal angustia y fatalidad, era un ejemplo escarmentativo para los ilusos, los facciosos, los depravados ambiciosos de subrayar e imponer leyes a los paraguayos, extraer sus riquezas y finalmente llevar gente esclavizada a sus empresas y servicios, para después reírse del Paraguay y mofarse orgullosamente de los paraguayos. Mandé un destacamento de 20 húsares a cargo de un oficial para recoger a Artigas. Le otorgué trato humanitario, cristiano, en el verdadero sentido de la palabra. Acto no sólo de humanidad sino aun honroso para la República conceder asilo a un jefe desgraciado que se entregaba. Le hice preparar alojamiento en el convento de la Merced y ordené que diariamente hiciese ejercícios espirituales y se confesase. Yo respeto las convicciones ajenas, y si bien es cierto que los curas sirven para poco, por lo  menos que sirvan para recoger las cuitas pecaminosas de los extranjeros. Concedí pues al jefe oriental el monte que me pidió para seguir viviendo; no un monte de lauros sino un predio en los mejores terrenos del fisco en la Villa del  Kuruguaty, para que levantara allí su casa y su chacra, lejos del alcance de sus enemigos. El traidor y alevoso lugarteniente de Artigas me pidió insistentemente su entrega para que respondiera en juicio público a las provincias federales sobre los cargos que justamente deben hacerle, me escribió el cínico bandolero, por suponérsele a él la causa y origen de todos los males de América del Sud. Como no contesté a ninguna de sus notas, me intimó la entrega de su ex jefe bajo amenaza de invadir el Paraguay. Que venga, dije, el Supremo Salvaje entrerriano. No alcanzó a llegar. Dejó la cabeza en la jaula que le estaba destinada.

"1"

"Desengañado de las defecciones e ingratitudes de que he sido víctima, le suplico siquiera un monte donde vivir Así tendré el lauro de haber sabido elegir por mi seguro asilo la mejor y más buena parte de este Continente, la Primera República del Sur el Paraguay. Idéntica ambición a la suya, Excmo. Señor; la de forjar la independencia de mi país fue la causa que me llevó a rebelarme, a sostener cruentas luchas contra el poder español; luego contra portugueses y porteños que pretendían esclavizarnos de manera aún más inicua.

Batallar sin tregua que ha insumido tantos años de penurias y sacrificios. Con todo, habría continuado defendiendo mis patrióticos propósitos si el germen de la anarquía no hubiera penetrado en la gente que obedecía mis órdenes. Me traicionaron porque no quise vender el rico patrimonio de mis paysanos al precio de la necesidad.»

 (Cartas del general Artigas a El Supremo, pidiendo asilo. Sbre. 1820.)

Escrita por Roa Bastos, esta carta se  a instalado como real.

--------------------------------------------------------------------

 

Texto de: El Campamento de Laurelty (1), Hèctor Francisco Decoud 1930 Mdeo.

Ocho días después del resonante triunfo que obtuvo el General Artigas (15 de junio de 1820), sobre el ejército del caudillo Ramírez, en las Gauchas, (Guachas) empeña un nuevo y sangriento combate contra las mismas fuerzas; pero, en esta acción, la suerte de las armas le fue adversa, siendo destrozado su ejército, del que, apenas, le restó un número escaso de hombres.

Artigas, decepcionado, huye del teatro de sus operaciones, dirigiéndose hacia el Paraguay, último refugio con que contaba, sin que por eso haya dejado de dar algunas duras lecciones a su tenaz enemigo Ramírez, que lo perseguía de cerca, tratando de tomarlo.

El coronel Cáceres, que fue soldado de Artigas en un tiempo, y más tarde brazo de Ramírez, al referirse a él, dice en sus memorias:

"Era tal el prestigio de este hombre, que, a pesar de sus continuas derrotas, en su tránsito por Corrientes y Misiones, salían los indios a pedirle la bendición y seguían con sus

familias e hijos en procesión detrás de él, abandonando sus hogares.

------

(1)Denominación dada al paraje, por predominar en él el árbol llamado laurel.

 “En Abalos escapó Artigas con 12 hombres; cesó Ramírez de perseguirlo, porque ignoraba su dirección, y no se le creía capaz de hacer resistencia. Y a los ocho dias, supimos que había reunido más de novecientos combatientes y estaba sitiando el Cambay”

En este estado de cosas, Artigas desiste de continuar la lucha que había encabezado para conquistar la independencia de su patria, la Banda Oriental, y se dirige, con el grupo

de sus fieles soldados hacia el Paraguay.

Una noche, ya en camino, reúne a sus fíeles servidores, unos doscientos hombres de caballería, lanceros todos, y, con lágrimas en los ojos, les da a conocer su determinación de ir al Paraguay, del tirano José Gaspar Rodríguez de Francia, buscando el encierro pavoroso a que éste lo había colocado a esa hermosa tierra de promisión, y que, por consiguiente, quedaban libres de tomar el camino que mejor les pareciere; que él, durante toda su vida, conservaría en su corazón el recuerdo cariñoso de todos sus fieles compañeros.

A mediados de setiembre de 1820, Artigas se presenta ante el comandante paraguayo del departamento de la Tranquera, de San Miguel (orilla izquierda del río Paraná), y

le entrega su espada con una nota para el Dictador Francia, pidiéndole que se sirviera enviarle ambas, y recabar la contestación.

Artigas solicitaba del Dictador, hospitalidad, tanto para sí como para la gente que, tan voluntariamente, le había acompañado, y que muchos de ellos habían ido ya en

busca de sus familias, para cruzar con ellas el río Paraná y radicarse en el Paraguay.

A este respecto se sabe lo que aparece en la comunicación del dictador Francia, dirigida ni comandante del Fuerte Borbón, Velazco, de fecha 12 de mayo de 1821, como también por la sentencia dictada contra el ya finado coronel Cabañas, cuyos textos se transcriben a continuación:

 “Lo que pasaba, en cuanto a Artigas, contesta Francia a Velazco, es que, en su último combate con los portugueses, en Tacuarembó, quedó muy derrotado. Viendo esto uno de sus comandantes, el porteño Ramírez, a quien de pobre peón que era el, lo había levantado y hecho gente, y en cuyo poder había dejado aguardar más de 50,000 pesos en oro, se le alzó con sus dineros, y con ellos mismos, sublevó y aumentó algunas tropas y gente armada con que había quedado; y así derrotó también a Artigas cuando éste quiso someterlo con la poca fuerza que tenía, y lo persiguió de muerte, para quedarse él solo con sus caudales y con el mando de la otra banda. Reducido Artigas a la última fatalidad, vino como fugitivo al Paso de Iatapúa, y me hizo decir que le permitiese pasar el resto de sus días en algún punto de la República, por verse perseguido aún de los suyos; y que, si no le concedía este refugio, iría a meterse en los montes.

Era un acto, no sólo de humanidad, sino aun honroso para la República, el conceder un asilo a un jefe desgraciado que se entregaba. Así, mandé un oficial con veinte húsares, para que lo trajesen, y aquí se le tuvo recluso algún tiempo en el convento do Mercedes, sin permitirle comunicación con gentes de afuera, ni haber jamás podido hablar conmigo, aunque él lo deseaba. Allí estuvo recluso, hasta que hice venir al comandante de San Isidro de Curuguaty, con quien lo hice llevar a vivir en aquella villa, donde se halla con los dos criados o sirvientes que trajo, por ser aquel lugar remoto el de menos comunicación con el resto de la República. Allá le hago dar una asistencia regular, como aquí se hizo, porque él vino destituido de todo auxilio.

“Los portugueses, sin duda, se habrán alegrado de la ruina de Artigas. Ellos han tenido también sus inteligencias y comunicaciones con el bandido Ramírez, quien, tal vez, los habrá metido en aprehensiones por haberse Artigas refugiado en el Paraguay; pero, el hecho de aquel pérfido, es manifestante infame y lo reprobara todo el mundo imparcial.

Se podría preguntar a los portugueses si agradaría a un general portugués el que en algún suceso adverso que tuviese en la guerra, se le alzase con caudales, tropas y armas alguno de sus oficiales subalternos, y, apoderándose de su mando, tirase a perseguirlo de muerte para que no pudiese hablar. Al Craveiro que le dijo a usted que Artigas estaba aquí, bien guardadito, le hubiese usted contestado que Bonaparte, que fue emperador de los franceses, estaba igualmente bien guardadito en poder de los ingleses, donde se refugió en su última desgracia; y, aunque estaba en guerra con ellos y fueron los ingleses sus mayores enemigos, lo recibieron y lo mantienen hasta ahora asistido generosamente en la isla de Santa Elena”. (Napolèon falleció justamente 7 dìas antes, el 5 de mayo de 1821)

 

Proceso Cabañas

“Asunción y Agosto tres de mil ochocientos treinta y tres.

“Resultando que Manuel Atanasio Cabañas, muerto sin herederos, ha sido un traidor a la Patria y al Gobierno, por haber mantenido correspondencia con el malvado caudillo de bandidos y perturbador de la pública tranquilidad, José Artigas, y haberse encargado de reunir y aprontarle gente de auxilio para cuando viniese, según sus ridículos ofrecimientos, a tomar la República, llevarse la cabeza del Dictador, y ponerle a él y a otros en el gobierno; cuya nueva infamia y ruindad cometió el citado Cabañas, después que no quiso tomar parte alguna en la revolución que aquí se hizo para extinguir el mando de España, cuando avisado del cuartel en que se habían reunido los patricios para que viniese a incorporarse con ellos, no sólo se enfadó con el portador del recado, sino que, con descarada vileza, respondió que vendría en siendo llamado por el Gobernador, que era el europeo Velazco; no obstante lo cual, el presente gobierno, por exceso de bondad, le dio los despachos de coronel aun sin merito, sin servicio mi suficiencia, comprobándose con tan infames procedimientos, que era un verdadero enemigo de la Patria y que, resuelto a auxiliar el Caporal de ladrones y salteadores, Artigas, estaba dispuesto a quedarle vilmente subordinado y tenerle sometida la República, cómo era consiguiente, a fin de que después no le despojase de su soñado gobierno, en que él y otros atolondrados, con quien igualmente estaba en correspondencia, como también consta de autos, creían en su delirio y necedad que pondría a unos y engrandecería a otros, sin reflexionar, por su inepcia, que lo que intentaba era ver si, al abrigo de algunos simples infatuados y embaucados con el aliciente y engaños de varias y disparatadas ofertas, lograba introducir, sin peligro, al Paraguay, sus cuadrillas de miserables bandoleros y facinerosos, a robar y saquear cuanto pudiesen para remediar sus miserias, su pobreza y sus extremas necesidades como hacían en otras partes, viniendo últimamente, después de tanto ruido, alboroto y afectada valentía o fanfarronada, cuando se vió arruinado y perseguido de muerte, aun de los suyos, por consecuencia y efecto natural de sus desórdenes, locuras y desatinados procedimientos, a implorar la clemencia y amparo del mismo Dictador, cuya cabeza había ofrecido llevar, el cual, reventando de generosidad, sin embargo de que el alevoso y bárbaro malevo no era acreedor a la compasión, no solamente le admitió, sino que ha  gastado liberalmente centenares de pesos en socorrerlo, mantenerlo y vestirlo, habiendo venido desnudo, sin más vestuario ni equipaje que una chaqueta colorada y una alforja, sin que los ruines, aturdidos y revoltosos que fundaban en él las mayores esperanza de gobierno, ventajas adelantamientos, le hubiesen hecho la menor limosna o socorrido en agradecimiento de sus grandiosos o graciosos ofrecimientos, viéndolo en tal angustia y fatalidad que acaso la Providencia ha permitido para que los ilusos o deslumbrados, los facciosos, los depravados encubiertos y los deseosos de trastornos políticos, abran los ojos y entiendan que las gentes de otros países, envidiando y odiando al Paraguay por no haberse sometido a sus ideas de logro, predominio y conveniencia, lo que desean y buscan es la ocasión de entrar a apoderarse del Estado engañando a los incautos y simples, subyugar e imponer leyes a los paraguayos, extraer y sacar riquezas, caudales y la plata, que sólo aquí corre todavía, y, finalmente, llevar gente para sus empresas y servicios, para después reírse del Paraguay y mofar orgullosamente a las paraguayas.

“En virtud de todo, se declaran confiscados y aplicados a gastos públicos y servicio del Estado, todos los bienes que aparecieran corresponder al citado Manuel Cabañas, o ser de su pertenencia en su fallecimiento; y a ese efecto, se ex pedirán las providencias convenientes, rompiéndose, igualmente, el insinuado título de coronel, de que se ha mostrado indigno y sin honor para obtener semejante grado, cuya denominación tampoco se le ha de poder dar en lo sucesivo.

FRANCIA.

POLICARPO PATIÑO,

Actuario del Superior Gobierno.”__

 De la Frontera al Panteón: Convergencias Históricas (1855–1875)

El presidente Venancio Flores, con previa venia concedida por el Superior Tribunal, lo envió en una delicada misión diplomática ante el gobierno del Paraguay, en la que también debería gestionar la repatriación de los restos del Gral. José Gervasio Artigas que se hallaban sepultados en el cementerio de la Recoleta desde 1850. Un año entero permaneció el Dr. Estanislao Vega en Asunción y debió soportar injustas e insidiosas acusaciones del único órgano de prensa, Semanario de Avisos, de carácter oficialista y que lo acusó de ser un agente encubierto del imperio del Brasil. El 13 de junio de 1855, los restos del Gral. Artigas fueron exhumados de aquella tierra rojiza, donde yacían desde el 24 de setiembre de 1850 y después de cuidadosamente lavados por Doña Amelia Lerena, esposa del Dr. Vega, se les depositó en la urna en que fueron conducidos hasta Montevideo. Reintegrado a sus funciones judiciales, falleció el año siguiente. Fuente aqui

Agosto de 1855: La delegación oficial del gobierno uruguayo —encabezada por el doctor Estanislao Vega y su esposa Amelia Lerena— procedió a la exhumación de los restos de Artigas en el Cementerio de la Recoleta. 

 "se cavó como vara y media, a cuya distancia apareció el cadáver; entonces el profesor en medicina y cirugía, Dr Echeverría (...) empezó a dar a los huesos un baño de agua con cal viva y enseguida le dio dos baños con cloruro de cal y se colocaron sobre unas telas para que se oreasen; después de tres horas de esta operación los huesos aparecieron enteramente secos y se procedió a envolverlos en algodón y colocarlos en la urna de lata destinada al efecto". Fuente aqui

El proceso de conservación: De acuerdo con los testimonios históricos recopilados por la investigadora Elisa A. Menéndez, los restos óseos fueron sometidos a un tratamiento antiséptico con cloruro de cal. Posteriormente, Vega y Lerena efectuaron una remoción manual de impurezas. 

Los restos ya acondicionados fueron depositados formalmente en una urna de chapa de hierro negra con pedestal, la cual quedó herméticamente resguardada bajo dos candados.El párroco Contreras firmó las actas de fe antes de que la urna fuera trasladada. 

Con el fin de garantizar la seguridad e integridad física de la urna frente a las tensiones de la época, el presidente Carlos Antonio López dispuso que el contenedor sellado fuera custodiado transitoriamente dentro de la residencia oficial de la familia presidencial antes de su traslado fluvial definitivo a Montevideo.Arribo el 9 de septiembre de 1855.

 “20 de agosto de 1855 - exhumación, "repatriación" de los restos de Artigas, un día como hoy hace 171 años, se lo llevaron”

Acta de exhumaciòn original ( la que circula en libros es copia de esta transcripta pero no igual a esta)
 

 Esta fecha la considero muy particular en cuanto a la persona de Josè Artigas. Quedara en el pensamiento de cada uno si el hubiese querido regresar a la tierra que lo vio nacer o no. En lo personal.. creo que no.

Revisión significativa sin alimentar mitos. Con Libertad ni ofendo ni temo.l

1.       Primera noticia necrológica, texto - imagen del periódico “ El Paraguayo Independiente” fecha, 28.09.1850

2.       Imagen de la lápida en el cementerio de la Recoleta, Texto en “Artigas Defensor de la Democracia” de  Elisa Menendez.

3.       Nota exhumación, Padre Cornelio Contreras, 20 de agosto de 1855, Cementerio Iglesia Recoleta, Asunción. Transcripción diríamos que desconocida del original.

4.     Histórico relato del procedimiento de repatriación (resumen de cuando los ministros esos..se lo llevaron del Paraguay). Texto en “Artigas Defensor de la Democracia” de  Elisa Menendez.

5.       Obra: Desembarco en el puerto de Montevideo de la urna conteniendo los restos de Jose Artigas – Autor: Domingo Puig 1930.

1. "El tiempo acreditó la firme resolución que había tomado de no volver al suelo donde vió la primera luz, cuando se presentó en Candelaria perseguido de los suyos, pidiendo un rincón en la República para acabar sus días. Ha tenido para su regreso obligantes, y repetidas invitaciones…"

2. Lápida.(Un tanto Inverosímil… pero es de suponer que López al enterarse de la muerte de Artigas envío a corregir la fé del certificado de defunción elaborado por el padre y a realizar dicha lápida en cemento con el título General D. Jose Artigas – 1850, la misma debe encontrarse en el Museo Nacional de Montevideo.

3.”Nota: En esta parroquia de la Recoleta de la Capital a veinte de Agosto de mil ochocientos cincuenta y cinco, yo el cura interino de ella; en virtud de la Suprema orden del Exmo. Señor Presidente de la República, se exhumo el sepulcro del General finado Don José Artigas del Cementerio general: y se entrega.n los huesos al Señor Doctor Estanislao Vega, agente confidencial del Exmo Gob.no de la Rep.ca Oriental del Uruguay cerca de la Rep.ca del Paraguay de lo…certifico. Cornelio Contreras.”

4. El 24 de abril de 1854, Flores nombró como agente confidencial al Dr. Estanislao Vega, decano del Tribunal Supremo de Justicia, encargándolo de una misión confidencial ante el gobierno paraguayo; y además la de repatriar los despojos del prócer oriental. En la goleta “Restauración” partió en el mes de julio el Dr. Vega, acompañado de su esposa doña Amelia Lerena y de un criado llamado Leandro, anclando en la bahía asunceña el 24 de agosto. Un año pasó en el país, más por motivos de salud que por lo que pudiera hacer en gestiones encomendadas, habiéndose ido a Villarica, mientras transcurría aquel ardiente verano tropical, en busca de un clima más propicio para su delicado organismo.

“De regreso a la capital, dice el Dr. Fernández Saldaña en un artículo intitulado “La repatriación de los restos de Artigas”, del cual extractamos estos datos, el Dr. Vega se dirigió al Ministro de Relaciones Exteriores don José Falcón, solicitando se sirviera ordenar lo correspondiente a la repatriación citada.

El ministro contestó afirmativamente, manifestando que cuando lo deseara podía proceder a la exhumación, y recibir del cura de la parroquia el respectivo comprobante que acreditara la identidad de los restos del general Artigas.

Se realizó ésta el 20 de agosto, figurando, como testigos del acto el cónsul de Portugal y los ciudadanos uruguayos don Felipe Buzó y don Santiago Cansttat, algunos militares paraguayos y residentes argentinos, como asimismo otras personas más.

Vamos a agregar a lo ya expuesto, otros datos interesantes suministrados por doña Amelia Lerena de Vega, testigo ocular del acto, que dice: “El sepulturero quiso limpiar los restos de Artigas, pero mi esposo y yo quisimos realizar esa tarea.

“El Dr. Etchevarría bañó los huesos con cloruro de cal, luego nosotros, con un cortaplumas de mango de nácar que todavía conservo, limpiamos uno a uno aquellos huesos grandes y fuertes...

“¡Qué hermosa frente debió tener aquella hermosa cabeza!...

“Nos hospedamos, continúa diciendo Amelia, en casa del presidente don Carlos Antonio López, y allí nos hicimos muy amigos con el hijo de aquél, Francisco Solano, que sucedería a su padre en el gobierno del Paraguay. Yo intimé mucho con la esposa de Solano, Elisa Lynch, una hermosa inglesa”.

El señor Asdrúbal Nieto, que es quien publica los recuerdos transcriptos por pertenecer a su archivo familiar, agrega: “Conocí a Elisa Lynch, me contaba mi abuela, cuando por el año 70 y pico, muerto ya Solano, de vuelta de Europa, le fué negada su entrada al Paraguay, por lo que quedó un tiempo en Montevideo, en casa de Amelia Lerena”.

Sigamos a ésta en sus memorias: “Figúrate, dice, con qué unción hablaba con toda aquella gente que había conocido en los últimos años a ese hombre inmenso, que era una expresión magnifica de la vida de nuestro pueblo!

“Haciéndome traducir del guaraní muchas palabras por mis acompañantes, recogí de sus labios frases de admiración, de caiño y de respeto hacia él...

“Hablaba el guaraní a la perfección.

“Aún a los 83 años salía de recorrida por los ranchos, jinete en su caballito brioso, que llevaba de cabeza levantada, indudable coquetería de legítimo orgullo...”

El P. Contreras, que cinco años antes hemos visto acompañando al héroe, estaba aún al frente de la parroquia; le cupo de nuevo la misión de acompañar a aquella fúnebre comitiva, que venía desde la patria lejana, a arrancárselo a “esa arcilla colorada y seca, tan adherida a sus huesos”.

El desterrado amó esta tierra paraguaya que le dió asilo en sus días sin ventura, y la tierra le devolvió su amor enraizándose a sus despojos, en despedida de amante, como queriendo retardar el momento de la partida eterna...

Firmado por el padre Contreras está el certificado de este acto que las autoridades pusieron en manos del comisionado, y que publica de María. Dice así: “En esta parroquia de la Recoleta de la Capital, a veintitrés de Setiembre de mil ochocientos cincuenta, yo, el cura interino de ella, enterré En el tercer sepulcro del Cauce N. 26 del cementerio general, el cadáver de un adulto llamado don José Artigas, extranjero, que vivía en la comprensión de esta iglesia”.

Recoleta, Agosto 21 de 1855.

Doy fe. — Cornelio Contreras”.

Pero al leer este documento nos encontramos con la nueva sorpresa, que tampoco coincide con lo expresado en la partida original, existente en el libro parroquial, ni antes ni después de hechas las enmiendas ya apuntadas, el sepulcro y cauce por ejemplo no figuran en la misma,  En este último nos hallamos con el agregado, que hemos subrayado, y la supresión de enterré en sepultura ordinaria y también en lo que dice referente a la lápida; como podrá verse comparando este texto con los dos ya publicados en el capítulo anterior.(Veáse libro)

Este certificado fué llevado por el doctor Vega a Montevideo y ha sido transcripto por casi todos los historiadores uruguayos; siendo en consecuencia el más conocido.

Los despojos de Artigas fueron colocados en una urna de latón pintado, cuyo recibo de compra hemos visto en el Archivo General de Montevideo. En él consta que fué mandada hacer en el taller de Nicolás Troja, de Asunción y que costó treinta patacones. En la citada institución nos han proporcionado también un extenso y serio informe sobre el traslado y desembarco de los restos de Artigas en Montevideo, por lo cual vemos que la muerte, rivalizando con la vida, no quiso ser más generosa. Extractaremos ese interesante documento.

Al doctor Vega, cumplida su misión en el Paraguay, se le expidió pasaporte para embarcarse en el vapor “Uruguay” hasta Buenos Aires, en compañía de su esposa, su criado Leandro y dos libertos paraguayos. Llegados allí, trasbordaron al vapor “Menay”, que llegó a Montevideo el jueves 19 de setiembre de 1855, con buen tiempo, algo ventoso”.

El horizonte político de la patria, que continuaba hosco y sombrío, no se aclaró para recibir al hijo que volvía de su largo ostracismo. Recios huracanes habían hecho tambalear el gobierno del general Flores y ocupaba en esos momentos el poder el presidente del senado don Manuel Basilio Bustamante. Por estos motivos, al arribo del “Menay”, no le fué permitido al pueblo concurrir al puerto para rendir el homenaje de su respetuosa admiración, justo anhelo largo tiempo acariciado.

Parece que sus manes se oponían a las demostraciones ostentosas hacia este hombre austero que había pasado a la otra vida en el anonimato de la soledad y de la miseria.

¡Aun más allá de la muerte, el héroe seguía cumpliendo su trágico fatalismo!

El desembarco de los fúnebres despojos se realizó en compañía de muy contadas personas, ese mismo día a las cuatro de la tarde. La urna funeraria fué colocada en un pequeño bote, en el cual subieron sus pocos acompañantes: el Ministro de Relaciones Exteriores doctor Adolfo Rodríguez, un ayudante del presidente de la república, un nieto del prócer Juan Pablo Artigas, único representante familiar, y algunas personas más.

Desde el “Menay” se dirigieron al vetusto muelle de la calle Treinta y Tres, desaparecido hace años. Allí posó de nuevo sobre el solar nativo el hijo que volvía ya transformado en idea, porque era la esencia de las aspiraciones de los pueblos americanos. El destino, tan avaro en sus dones, seguía mostrándole ceño adusto. Nególe al desterrado que regresaba lo que no niega a nadie: el derecho a descansar en la paz de un sepulcro. Seguía siendo víctima de su propia grandeza. Se temió que sus cenizas fueran capaces de provocar incendios en aquel pueblo suyo, en el cual supo despertar santas rebeldías contra la opresión, cualquiera fuera su origen y su forma.

¡En vez de hallar en su tierra la calma silente del cementerio, pasó a la aduana, representación del interés humano. Punto a donde convergen los frutos comerciales del mundo, el cual no es posible imaginar sino lleno de mercancías y artículos de todas clases y para todos los fines. Alli, en aquel tráfago comercial, tan poco propicio al silenció que reclama la muerte, quedaron depositados los restos de aquel preclaro varón.

Más de un año pasaron allí, en el polvo del olvido, hasta que el 20 de noviembre de 1856, fueron retirados para ser trasladados a la Iglesia Matriz y al cementerio.

Para ser correctos y reflejar la verdad histórica exacta de los acontecimientos: los restos de José Gervasio Artigas llegaron a Montevideo el miércoles 19 de septiembre de 1855 a bordo del vapor Menay.

1. El misterio del barco resuelto (El transbordo)

La urna no viajó en un solo barco directo desde Asunción hasta Montevideo porque no existía esa línea directa en 1855. Ocurrió exactamente asì: 
  • Tramo Asunción – Buenos Aires: La comitiva del doctor Vega embarcó la urna en el vapor Uruguay.
  • Tramo Buenos Aires – Montevideo: Al llegar a Buenos Aires, debieron realizar un transbordo. Movieron la urna, el equipaje y los criados al vapor Menay, que era el buque encargado de hacer el cruce del Río de la Plata hasta el puerto oriental. 

2. La fecha exacta: 19 de septiembre de 1855

La mencion que el barco Menay llegó a Montevideo el "jueves 19 de septiembre". Al verificar los calendarios perpetuos de la época, el día 19 de septiembre de 1855 cayó miércoles y el día 20 fue jueves. 
Esta pequeña discrepancia es sumamente común en las crónicas del siglo XIX: la nave fondeó en la bahía de Montevideo el miércoles 19 por la tarde/noche con tiempo ventoso, pero las autoridades del puerto procesaron la documentación y tomaron control efectivo de la situación el jueves 20 por la mañana. Por eso, muchos documentos oficiales o diarios de la época anotaron la llegada directamente el jueves. 

3. El hosco horizonte político (Por qué se ocultó el arribo)

El contexto que narran los hechos se mantuvieron tan confusos y por qué al pueblo "no le fue permitido concurrir al puerto"
  • Crisis de gobierno: El presidente Venancio Flores (quien había autorizado originalmente la misión de repatriación) acababa de perder el poder tras una severa crisis institucional. Quien gobernaba interinamente en ese instante era el presidente del Senado, Manuel Basilio Bustamante.
  • Temor a las masas: El gobierno provisorio de Bustamante temía que una manifestación masiva para recibir los restos de Artigas se transformara en una revuelta política o militar en las calles de Montevideo.
  • El destino oculto: Para evitar aglomeraciones e incidentes, el gobierno prohibió los homenajes públicos, bajó la urna del Menay de forma casi clandestina y la envió de inmediato a la Isla de Ratas (una pequeña isla fortificada en la bahía), donde los restos del prócer quedaron bajo custodia militar y "olvidados" por 14 meses antes de recibir sepultura formal. 

5. Óleo desembarco.



 

 

Si quieren dar lectura a los hechos desde los documentos de època sugiero los siguientes artìculos de la Revista Histórica del Museo Histórico Nacional Tomo 53 79-81 desde la pàgina 236 digital (230 del documento) a la 320 digital (294 del documento) , Visualizar aquì http://bibliotecadigital.bibna.gub.uy:8080/jspui/handle/123456789/138642 o pueden dar lectura debajo segùn el navegador que utilicen


El legado y la reciprocidad: El cruce entre Artigas y Madame Lynch (1855–1875)

La historia de la repatriación de los restos de Artigas es también la historia de las lealtades rioplatenses. En 1856, el nuevo presidente constitucional de Uruguay, Gabriel Antonio Pereira, asumió la responsabilidad de la memoria del prócer, ofreciendo su panteón familiar privado en el Cementerio Central para proteger los restos tras la travesía de los Vega.

Curiosamente, el destino volvió a unir estos nombres dos décadas después. Tras la Guerra de la Triple Alianza, Elisa Alicia Lynch, en su destierro y ante el rechazo de los gobiernos coaligados, encontró en ese mismo Gabriel Antonio Pereira y su esposa, Dolores Pérez, a quienes le brindaron refugio privado en Montevideo en 1875. Es un ciclo de reciprocidad histórica fascinante: el mismo mandatario que custodió los restos del "Padre de la Patria" uruguaya terminó siendo el amparo humanitario para Madame Lynch, cerrando un círculo que une las tragedias y honores de Paraguay y Uruguay a través de sus figuras más emblemáticas.

viernes, 14 de agosto de 2026

¡A 206 años del último combate de Artigas! La traición de Cambay, los héroes olvidados y el sangriento fin de la Revolución

 

15 de agosto de 1820

El epicentro de la tragedia: ¿Dónde quedaba Asunción del Cambay?

Para comprender el dramatismo de este día, hay que mirar el mapa de la Misiones devastada. Tras la brutal invasión luso-brasileña de 1817 que redujo a cenizas los pueblos históricos, el comandante guaraní Andrés Guacurarí ("Andresito"), bajo las directivas explícitas de José Gervasio Artigas, fundó Nuestra Señora de la Asunción del Cambay.

Ubicada estratégicamente en la confluencia del río Miriñay con el río Uruguay (en el actual departamento de Monte Caseros, Corrientes), Cambay nació para cumplir un rol vital: servir como la última capital de la provincia de Misiones. En ese reducto costero de barro, paja y dignidad guaraní, se jugaría el último acto de la contienda militar del Protector de los Pueblos Libres.

Tras la captura de Andresito en 1819 y la heroica muerte del comandante Pantaleón Sotelo en la Batalla de Tacuarembó (enero de 1820), el mando militar misionero recayó en Francisco Javier Sití. Aunque en abril Sití firmó el Pacto de Ábalos reconfirmando su lealtad a Artigas, la realidad social era insostenible: miseria, hambre y la amenaza constante de exterminio.

Acorralado, Sití tomó una decisión drástica: el 28 de julio de 1820, a orillas del río Mocoretá, firmó el Pacto de Mocoretá con el Supremo Entrerriano, Francisco Ramírez. Mediante este acuerdo, Sití rompió definitivamente con Artigas y puso a Misiones bajo la protección y órbita de Entre Ríos a cambio de víveres y auxilio militar.

La correspondencia oficial preservada en el Archivo General de Corrientes y recopilada en los tomos de la Colección Archivo Artigas, 'especialmente los oficios despachados desde el Campamento General de Miriñay entre julio y agosto de 1820', revela la trágica trastienda de la ruptura. Sití argumentaba que la presencia de un golpeado ejército artiguista arrastraba a Misiones a una guerra fratricida e inútil contra Entre Ríos.

Tras sufrir durísimas derrotas consecutivas contra las fuerzas de Ramírez en Entre Ríos y el sur correntino (como en Las Guachas o Abalos), Artigas se retiró hacia el norte golpeado pero no vencido. Refugiado temporalmente en la zona de Curuzú Cuatiá y en los márgenes de los Esteros del Iberá, logró reagrupar a contrarreloj un último contingente de unos 800 hombres, en su gran mayoría indígenas guaraníes leales a su figura.

A pesar de la adversidad, el carisma del Protector se mantenía intacto. El coronel Ramón de Cáceres dejó grabado en sus memorias el ambiente de aquellos días dramáticos:

"Era tal el prestigio de Artigas que, destruido en Ávalos y cuando creíamos que ya no podía rehacerse, salían los indios a pedirle la bendición y lo seguían como en procesión..."

Enterado de la alianza entre Sití y Ramírez, Artigas marchó decididamente desde el centro-norte correntino hacia el sureste para recuperar la capital misionera. Al llegar a las inmediaciones de Asunción del Cambay, dispuso sus fuerzas rodeando la población:

 - Adentro del pueblo: Se atrincheró el capitán Dionicio Alarcón con los efectivos locales leales a Sití, ya subordinados a Ramírez, convirtiendo la plaza en un bastión de resistencia.

 - Afuera del pueblo: Artigas estableció su campamento y tendió la línea de cerco para rendir el lugar por la fuerza y recuperar el control de Misiones.

La madrugada del 15 de agosto de 1820, la maniobra táctica de la guerra se cerró trágicamente sobre la línea de asedio artiguista.

Una columna de caballería entrerriana comandada por el comandante Gregorio Piris (enviada por Ramírez) avanzó en absoluto silencio desde el sur y apareció de golpe por la retaguardia de Artigas. En ese preciso instante, Dionicio Alarcón abrió las puertas de Cambay y atacó desde el interior del pueblo de forma coordinada.

Atrapado en una tenaza mortal entre los dos frentes, el ejército artiguista sufrió la dispersión casi inmediata. Sin embargo, en medio del caos, la figura del comandante apostoleño Matías Abucú emergió con talla heroica. Al mando de sus veteranos Dragones Guaraníes, Abucú organizó un muro defensivo desesperado a punta de chuza y machete. La encarnizada resistencia de los hombres de Abucú contuvo el avance del enemigo el tiempo suficiente para evitar la matanza total y abrir una brecha entre los montes, permitiendo a Artigas salvar la vida y emprender la retirada hacia el norte.

El Combate de Asunción del Cambay quebró definitivamente la capacidad militar del Protector. Tres semanas después, el 5 de septiembre de 1820, José Gervasio Artigas, custodiado fielmente por Matías Abucú y un reducido grupo de unos doscientos soldados guaraníes y morenos, (de los cuales solo 80) cruzaban el río Paraná por el paso de Candelaria, internándose para siempre en el exilio paraguayo.

¿Qué pasó con Francisco Sití tras la jornada de Cambay?

La ilusión de paz duró apenas unos meses. Para diciembre de 1820, Francisco Ramírez desconoció la autonomía misionera e invadió el territorio para apoderarse del monopolio de la yerba mate.

En la sangrienta Batalla de Santo Tomé (diciembre de 1820), las fuerzas de Ramírez aplastaron a Sití. Derrotado y acorralado, el ex lugarteniente debió encabezar un dramático éxodo de más de 7.000 guaraníes cruzando el río Uruguay para buscar asilo en las Misiones Orientales, bajo el dominio portugués.

A 206 años de aquella jornada trágica en la desembocadura del Miriñay, la historia recuerda que allí no solo cayeron las últimas chuzas de Artigas y Abucú: allí comenzó a dispersarse el sueño libertario del pueblo que hoy los recuerda.





ULTIMAS BATALLAS DE JULIO Y AGOSTO 

El 13 de junio de 1820 se enfrentan Francisco Ramírez y José Gervasio Artigas en las proximidades de Rosario del Tala en la Batalla de las Guachas. Artigas venía de la derrota con los portugueses en Tacuarembó y acampó con su ejército cerca de Rosario del Tala esperando reunir refuerzos para enfrentar a Ramírez. 
Finalmente, sobre el arroyo Las Guachas, se encontraron. Artigas con unos 1.800 hombres, y las fuerzas del entrerriano con 600 (cuya base era el cuerpo de 400 dragones bien disciplinados).
La Batalla de las Guachas fue con un resultado incierto, la historia nos cuenta un significativo hecho de traición de Ramírez a Artigas.(1)
La Batalla de las Tunas, librada el 24 de junio de 1820, fue un enfrentamiento clave entre las fuerzas de José Gervasio Artigas y Francisco Ramírez. En esta batalla, Ramírez, con el apoyo de su artillería y carabineros, logró derrotar a las tropas artiguistas cerca del arroyo Las Tunas, en lo que hoy es San Benito, Entre Ríos. Esta victoria marcó un punto de inflexión en la relación entre Artigas y Ramírez, Ramírez, aprovechando su conocimiento del terreno, preparó una emboscada a las tropas artiguistas que avanzaban hacia Paraná.(2)

Luego de 6 meses muy difíciles, llegamos al mes de Julio de 1820...

-Ramírez partió de Paraná con 1000 jinetes y 300 infantes a las órdenes de Mansilla en dirección al campamento de Artigas en Sauce de Luna, derrotando el 17 de julio en el combate de Sauce de Luna, cerca del río Gualeguay, a las fuerzas correntinas al mando de López "Chico"; y el 22 de julio logró derrotar al misionero Perú Cutí, quien contaba con 300 hombres en el Combate del Rincón de los Yuquerís. Pocos días después batió al misionero Matías Abucú en el combate de Mandisoví el 23 de Julio, Artigas pasó el río Mocoretá perseguido por Ramírez. El 25 de julio Francisco Javier Sití, quien fuera lugarteniente de Andrés Guazurary y desde el 5 de marzo de 1820 era el comandante general interino de la provincia de Misiones, se pasó al bando de Ramírez, firmando el 28 de julio el Acuerdo de Mocoretá, donde reconoció a Ramírez la dirección de la provincia de Misiones, incluyendo a Mandisoví, que desde agosto de 1819 tenía un alcalde guaraní dependiente del comandante de Misiones y un comandante militar para los criollos dependiente de Entre Ríos. El 27 de julio, Ramírez derrotó una vez más a Artigas en la batalla de "Bajada del Paraná" cerca de Las Tunas, en la que hizo un inteligente uso de la artillería al mando del comandante Mansilla. El propio Artigas escapó en ancas de su primogénito Manuel, siendo derrotado al día siguiente en el combate de Osamentas. Ramírez atacó el propio campamento de Artigas en Abalos, cerca de Curuzú Cuatiá. Allí, el caudillo oriental estaba al frente aún de 600 hombres, y con apoyo del ex gobernador Juan Bautista Méndez, intentó un último combate. Pero fue derrotado completamente el 29 de julio por Ramírez, Piris, Casco y el cacique Sití, que habían sido hombres suyos, ( esta fue la última vez que se vieron las caras con Ramirez ) en la batalla de Abalos cayeron prisioneros sus mejores oficiales y su secretario y pariente José Benito Monterroso, a quien Ramírez obligó a cumplir idénticas funciones a su servicio. Artigas salió de allí con solo 12 hombres. También pasaron a poder de Ramírez toda la artillería de Artigas, armas y municiones, 25 carretas y 500 bueyes. A fines de julio había iniciado su avance por el río Paraná la flotilla que Sarratea le había suministrado a Ramírez, al mando del comandante Manuel Monteverde, que logró evadir un bombardeo frente a Esquina y tomó el puerto de Goya. Entre el 30 y 3 de agosto la escuadra se apoderó en el río Corrientes de los lanchones y buques de Pedro Campbell, que se llamaban: Carmen, Victoria, Correntina, y Esperanza. El capitán irlandés se vio obligado a retirarse a pie hasta Corrientes, en donde fue detenido y posteriormente deportado al Paraguay. Artigas se posesiona en Curuzú Cuatiá el 11 de Agosto.  El 15 de Agosto de 1820, a las 10:00, Artigas, que se encontraba sitiando Cambay, es sorprendido en su retaguardia por las fuerzas combinadas de Sití y Piris. Al encontrarse entre dos fuegos se produce el desbande y la dispersión de las fuerzas artigueñas. Por la comunicación de Piris a Ramírez sabemos que los únicos que ofrecieron heroica resistencia fueron los dragones de Matías Abucú. Esta fue la última acción militar de Artigas: Derrotadas y dispersas sus tropas, con muy pocos caminos que tenía para elegir, iImposibilitado de volver a Entre Ríos y menos a la Banda Oriental, también le estaba vedado tratar de reunirse con el grupo de blandengues y guaycurúes que se encontraban en la costa del Paraná, más abajo de Goya; tampoco podía refugiarse en Yaguareté Corá o San Miguel, hacia donde se dirigía Francisco Ramírez. Eligió el único camino que le quedaba, el de los antiguos y abandonados pueblos misioneros. Matías Abucú le acompañaba; el fiel apostoleño conocía esos parajes y, además, no descartaba la esperanza de un último intento de acercamiento con los paraguayos, máxime teniendo en cuenta que dentro de los planes de Ramírez estaba el de continuar la guerra en ese territorio. Ese mismo día, Ramírez -ya en San Miguel- informaba al Cabildo correntino sobre lo que, sin lugar a dudas, fue el último encuentro con fuerzas artigueñas, el combate de San Miguel,  el 17 de agosto de 1820. Ramírez no continuó más adelante puesto que el 19 estaba ya de regreso en Yaguareté Corá. Tampoco Sití enviará partidas en su persecución; quedará “reuniendo su fuerza y apaciguando el territorio de su pertenencia”....El 8 de Septiembre de 1820 se tienen noticias más concretas sobre el paradero de Artigas. Esta información sobre el lugar en que había establecido Artigas su último campamento, antes de su cruce por Candelaria al Paraguay, fue corroborada por el francés Aime Bonpland, casi un año después. Ese 8 de Septiembre de 1820, el comandante de Yaguareté Corá, (hoy el pueblo de Concepción en Corrientes), llamado don Saturnino Blanco Nardo comunicaba a Francisco Ramírez que José Artigas había cruzado el Paraná el 5 de Septiembre, embarcándose en Candelaria (esta carta se encuentra en los archivos del ANA en Asunción y se puede visualizar online) Saludos queridos hermanos - as Artigueños y Artiguistas.


(1) El combate resultó recio y pujante, “por la bravura de los contendientes”, y, a pesar de la inferioridad de las fuerzas del General Don Ramírez, “no tuvo una definición categórica” y fue así que éste informó al General Ricardo López Jordán, diciéndole: “Después que Artigas asoló completamente el pueblo del Arroyo la China, con sus infernales tropas, se avanzó el 13 de junio hasta Las Guachas, costa del Gualeguay, donde tuve con él un encuentro sangrientísimo. Quedando indecisa la acción por haber caído la noche y siéndome necesario retirarme a Paraná”.


(2)Las tropas de Ramírez, ubicadas estratégicamente, atacaron a las fuerzas de Artigas, que intentaban cruzar el arroyo Las Tunas La superioridad de la artillería y la caballería de Ramírez causó numerosas bajas en las filas orientales, forzando su retirada.


martes, 11 de agosto de 2026

11 de agosto de 1820: El último llamado a la unión de Artigas

 


Hace exactamente 206 años, en un contexto de profunda fragmentación política y militar, el General José Artigas redactaba uno de sus documentos más significativos antes de su exilio en Paraguay. En esta carta dirigida al Cabildo de Misiones, el Protector de los Pueblos Libres no buscaba venganza, sino una última tregua para preservar el ideal de la Liga Federal.

Tras los reveses militares y la traición de Francisco Ramírez —quien se había aliado con los portugueses—, Artigas se encontraba en un momento crítico. En esta misiva, fechada el 11 de agosto de 1820 desde su campamento en marcha, Artigas revela la estrategia de división impuesta por Ramírez y hace un llamado urgente a la unidad.


De Agosto 11 de 1820.

    Me ha llenado de dolor el ver los trabajos que les han sobrevenido con el engaño con que Ramírez los sedujo. Las resultas de este fatal día van hasta la destrucción de toda la Provincia; este es el objeto que se propuso Ramírez dividiéndonos para que nos atacásemos unos con otros; pero teniendo esto en consideración no es permitido que se ensangriente una guerra entre hermanos y traigo reunidas todas las tropas y familias para que vuelvan a sus casas y se acabe todo. Este solo es el objeto que me trae, no el castigar a nadie, pues bien conozco que los han engañado y solo vengo a estrecharlos como a hijos y volverlos a unir a todos para que juntos defendamos el sistema. 


Ramírez va contra mí porque está unido con los Portugueses, como lo verán por el oficio que les incluyo, que se le quitó al chasque que lo conducía a Ramírez.

Desengáñense con tiempo, no crean a las expresiones engañosas con que los buscan, pues el objeto es separarlos de mi lado para encadenarlos. Recuerden lo que han hecho, hasta de los principios a proteger, y verán que sola para esclavizarlos los han mantenido; por fin V. S. mandeme lo más pronto su resolución para obrar según ella, y devuélvame el oficio del General Portugués que deseo obre en mi poder. 

Dios guarde a V. S. muchos años.

Campamento en marcha, Agosto 11 de 1820.

                                     


                                                                               

  José Artigas

Al Muy Ilustre Cabildo Gobernador, regimiento de la Capital de Misiones.

Este texto es una pieza fundamental para comprender el pensamiento de Artigas en el ocaso de su lucha política activa. Lejos de la imagen de un jefe militar vencido, el documento nos muestra a un líder que intenta desarticular los engaños externos (la influencia portuguesa) y apelar a la fraternidad de los pueblos misioneros, advirtiendo sobre el verdadero objetivo de sus enemigos: la esclavitud del sistema.

Reflexión para el 2026:

Al recordar este 11 de agosto, no solo conmemoramos una fecha histórica, sino que reflexionamos sobre la vigencia del llamado de Artigas a no dejar que las divisiones internas debiliten la soberanía y la integración de nuestros pueblos.

Fuente:

Archivo General de la Provincia de Corrientes, que refieran el período 1812 a 1820 y que consignen la actuación en la Historia de Corrientes de los generales José Artigas y Francisco Ramírez.

Investigación: 

Roberto Schiappapietra 

Orcid/0009-0008-9152-6273


domingo, 9 de agosto de 2026

El "Americano" en Curuguaty: Entre la devoción, la política y la sospecha, 9 de Agosto de 1821

 




En el Paraguay de 1821, la figura de José Artigas —aquel que había desafiado imperios y delineado el destino de una región— se encontraba reducida a la escala humana del vecindario. Lejos de las grandes batallas, su vida transcurría en Curuguaty, bajo la mirada atenta y a veces turbia de las autoridades locales. Los documentos de la época, particularmente los que narran los incidentes de la Fiesta de la Virgen del Carmen en agosto de 1821, revelan una faceta fascinante y cotidiana del prócer.
Un lazo espiritual: La Virgen del Carmen
Es profundamente simbólico que el incidente ocurriera precisamente durante la celebración patronal dedicada a la Virgen del Carmen. Para Artigas, esta devoción no era una coincidencia, sino un lazo que lo unía a su pasado glorioso. Fue el propio Artigas quien, en 1816, fundó la ciudad de Carmelo en la Banda Oriental bajo esta advocación, dejando allí una impronta espiritual que lo acompañó hasta su exilio. En Curuguaty, años después, Artigas seguía siendo un hombre de fe, asistiendo a misa y participando de la vida religiosa, intentando encontrar sosiego en una tierra que, aunque le brindaba refugio, lo observaba con recelo.
El incidente: Violencia en la fiesta
La armonía de la celebración fue violentamente interrumpida por el presbítero Venancio Toubé. Según consta en los documentos, el cura —conocido por sus habituales estados de embriaguez y comportamientos erráticos— irrumpió en la reunión donde se encontraba Artigas. Mientras el vicario Orué, una figura de alta dignidad eclesiástica, trataba al exiliado con deferencia y respeto —cumpliendo la orden del Dictador Francia de tratarlo bien—, Toubé representaba la arbitrariedad. En un acto de violencia imperativa y bajo los efectos del alcohol, el cura intentó expulsar a Artigas y a su círculo de "gente decente", profanando el espíritu festivo con insultos y agresiones físicas.
¿Por qué "El Americano"?
Lo más revelador de este episodio es cómo los documentos identifican a Artigas. Para sus contemporáneos en Curuguaty, no era simplemente un exiliado, sino "El Americano".
Este apelativo, lejos de ser un título honorífico neutral, funcionaba como una categoría política de "otredad". Al llamarlo "Americano", las autoridades y los sectores que rodeaban al prócer marcaban una distancia clara. No lo etiquetaban como "insurgente", "caudillo" o "jefe de bandidos" —términos que implicarían una amenaza directa al orden del Dictador—, sino como alguien ajeno, un extranjero en su propia tierra. En boca de ciertos funcionarios, esta etiqueta cargaba con un matiz despectivo y de sospecha, situándolo fuera de los moldes locales y convirtiéndolo en un símbolo incómodo para un sistema que intentaba contener la magnitud histórica de un hombre que, incluso en el exilio, seguía resonando en la memoria colectiva.
Un Artigas de carne y hueso
Lo que estos testimonios rescatados en el sumario judicial nos permiten ver es a un Artigas humano. Un hombre que, ante la furia ebria de Toubé, respondió con moderación y discreción, evitando el conflicto que el sacerdote buscaba desesperadamente. Este Artigas cotidiano, que se incorporó al vecindario y participó de sus festividades, es una faceta que nos ayuda a comprender mejor su capacidad de resiliencia.
Como investigador, el seguimiento de estos pasos en el territorio de Curuguaty nos permite reconstruir no solo los hechos, sino la atmósfera en la que vivió el prócer. La historia de Artigas no es solo la de las grandes batallas, sino también la de este hombre que, en la paz de una fiesta patronal, tuvo que enfrentar las mezquindades de su entorno mientras mantenía, con dignidad, su lugar en la historia.
Este análisis se basa en el estudio de las crónicas de la época, los documentos judiciales del periodo y el seguimiento documental de los pasos de José Artigas en Curuguaty.
Roberto Schiappapietra

Fuentes: 

Archivo Nacional de Asunción.



viernes, 17 de julio de 2026

El Pacto de Sangre y el Libro de Ibiray: A 205 años del martirio de Fulgencio Yegros y el trágico puente de 45 años hasta la muerte olvidada en combate de su hijo Rómulo

 

Las páginas de nuestra historia se tiñen de un profundo luto que une a dos generaciones en un mismo sándwich de fechas y de gloria. Hoy, 17 de julio, se cumplen 205 años de la mañana de 1821 en que el Brigadier General Fulgencio Yegros —cuyo nombre significa "brillante, resplandeciente"— fue fusilado bajo el "Naranjo de la Residenta" por orden del Dr. Francia.

Nacido en febrero de 1780 en Quyquyhó, Yegros fue una figura clave en la Revolución de Mayo de 1811 que condujo a la independencia del Paraguay. Tras la gesta patriótica, ocupó diversos cargos de la máxima relevancia, incluyendo el de primer cónsul!, al cual Francia le acompaña en 1813. Sin embargo, la relación entre ambos se deterioró y, en 1820, mencionan algunos textos que participó en una "supuesta conspiración" para derrocar al Dictador, y que de esa forma el descubrimiento del "supuesto plan" lo llevó a su arresto y posterior ejecución en 1821 (creencias sin fundamentos para cuidar la silla). Este trágico evento marcó el fin de una etapa dorada dominada por los líderes de la independencia, consolidando el poder absoluto de Francia. La ejecución de Yegros se convirtió en el símbolo más crudo de la transformación de la revolución en dictadura; un quiebre institucional que lo convirtió en un mártir de la independencia y víctima del autoritarismo. Tras el exterminio y silenciamiento que impuso la tiranía, sus legados pasaron a un injusto segundo plano. Si se quiere hasta el presente.

Pero el destino quiso que el calendario guardara una coincidencia temporal que estremece. Mañana, 18 de julio, se cumple el aniversario de la muerte de su hijo, el Coronel Rómulo José Yegros Esperati (Speratti), (fruto de su matrimonio con doña Josefa Facunda Esperatti Uriburu). Solo 45 años separan el trágico final de ambos, convirtiendo estos dos días de julio en un verdadero santuario de la memoria. Ambos murieron por la patria con poco màs de 40 años.

Fue el 18 de julio de 1866, durante las sangrientas jornadas de la Guerra Guasú, cuando el Coronel Yegros cayó heroicamente en el sector de Potrero / Boquerón del Sauce (distrito de Humaitá, Ñe'embucú), liderando una trinchera frente al avance de las fuerzas aliadas. En ese escenario de violencia extrema se cruzaron los destinos de hombres formidables: allí cayó el implacable militar español-uruguayo León de Palleja por el bando de la Triple Alianza, y del lado paraguayo entregó su vida el heroico general Elizardo Aquino, el verdadero "León Luqueño", junto al coronel Vallejos. Rómulo recibió un disparo en el pecho y, tras agonizar tenazmente, falleció poco después cuando era trasladado hacia Asunción. El propio general José E. Díaz ordenó recoger su cadáver para ser sepultado con los máximos honores militares en el cementerio de Paso Pucú. Al igual que la de su padre, su memoria quedó injustamente eclipsada por décadas, pero su huella continental es monumental.

Rómulo había nacido el 6 de julio de 1818, por lo que apenas tenía dos años cuando le arrebataron a su padre en el Naranjo. Sin embargo, creció para convertirse en el hombre que, como perfilara Fidel Maíz, tenía las condiciones para heredar el liderazgo de la República. Lejos de ser un militar pasivo, Rómulo fue quien "abrió la cancha" para el Paraguay mediterráneo. Documentado en el Archivo Nacional de Asunción (ANA) y en la prensa de la época, cruzó en dos oportunidades a caballo y a pie todo el Río Grande del Sur en Brasil para buscar una salida comercial hacia el océano Atlántico, abriendo la ruta diplomática que luego lo llevaría a Río de Janeiro y a Europa (1853-1854) en la crucial comitiva de apertura al mundo junto a Francisco Solano López.

Y es en esa travesía continental donde se cierra el círculo de un Pacto de Sangre que venía desde el principio del siglo.

El origen: Enero de 1807

En las Invasiones Inglesas, durante el combate del Buceo en Montevideo, el joven oficial paraguayo Fulgencio Yegros cayó gravemente herido en la espalda. Fue el Blandengue José Gervasio Artigas quien lo rescató bajo fuego y le salvó la vida en una cirugía de emergencia. Historiadores como Wisner de Morgenstern y Julio César Chaves destacan que allí nació una hermandad inquebrantable. Yegros le dedicó unas décimas al Protector que se volvieron canción patriótica y que en 1819 llevaron a varios jóvenes a las prisiones de Asunción por cantarla en las calles en claro desafío al aislamiento de Francia: “…Aunque digas o no digas lo que siente tu corazón: repites el nombre de Artigas, por salvador de la Nación. Viva el General Artigas, su tropa bien arreglada: lejos de malas intrigas, tiene la causa ganada...”

14 de Mayo de 1850: El "tío" recibe al "sobrino" en la Santísima Trinidad

Cuarenta y tres años después de aquel rescate en el Buceo, el 14 de mayo de 1850 —coincidiendo simbólicamente con la fecha patria paraguaya— el entonces Teniente de Caballería Rómulo Yegros llegó hasta los campos de la Santísima Trinidad en Ybyray. Iba a visitar al viejo Protector en su exilio. Era, moralmente, el sobrino yendo a abrazar al hombre que le había salvado la vida a su padre antes de que él siquiera naciera.

En ese histórico encuentro, fue el propio Artigas quien le obsequió a Rómulo un tesoro: un ejemplar de "La conversación consigo mismo", obra del Marqués de Caraccioli (traducido por Francisco Mariano Nifo, Madrid, 1817). En sus páginas, el viejo caudillo dejó estampada una dedicatoria de su puño y letra:

"A mi Exmo. amigo Tte. de Cablle Dn. Romulo Jòsé de Yegros. Santma. Tdad. Mayo 14 de 1850. JOSE ARTIGAS"



Aunque durante mucho tiempo se tejió confusión alrededor de la fecha y la firma, un riguroso estudio caligráfico resguardado en la biblioteca del Palacio Legislativo del Uruguay en el años 2011 certificó de manera inapelable la veracidad histórica del documento: la firma es auténtica y de puño y letra de José Gervasio Artigas. ESTA ES LA VERDADERA ÙLTIMA FIRMA DE DON JOSÈ!.

El regreso a Uruguay en 1930: Devolución de hermandad

Ese libro sagrado permaneció custodiado celosamente por la familia Yegros en Paraguay. En 1930, con motivo del centenario de la independencia uruguaya, la familia Yegros decidió donar la reliquia al Poder Legislativo uruguayo. Lo hizo en un contexto profundamente emotivo: como un gesto de gratitud.

La encargada de llevar el libro a Montevideo fue su pequeña hija, Enriqueta Alejandrina Yegros, biznieta del prócer, quien integraba una delegación escolar de 150 jóvenes alumnos costeada por la Comisión Nacional del Centenario. La reliquia regresó paso a ser custodiada en el Palacio Legislativo, manteniendo vivo el lazo del Solar de Ibiray donde Rómulo y el viejo Caudillo se habían abrazado ochenta años antes.

Nota de la página: Aprovechamos este santuario de la memoria para enviar un saludo muy especial y un abrazo fraterno a los descendientes de la familia Yegros, entrañables amigos de esta casa, constantes colaboradores y fieles seguidores de nuestro blog y artículos. Es gracias a su custodia del recuerdo familiar que estas verdades históricas siguen latiendo con fuerza en la Provincia Gigante.

¡Memoria eterna a los Yegros, a la lealtad artiguista y a la Patria Grande!

Roberto Schiappapietra

La Huella de Josè Artigas 

2026 

Orcid/0009-0008-9152-6273 

P.D.; Querida Marga, en un futuro 14 de mayo cuando todo se caiga vamos a ver que volverà la memoria al corazòn del Pueblo