1846, Casa de Artigas por Demersay, Atlas 1860 París, Francia
Acuarela de Corsetti (enviado por Santos en 1888)
Como cada año, a través de mis espacios digitales, me detengo a conmemorar una fecha que cala hondo en la memoria histórica paraguaya y oriental. Este año, el calendario nos obsequia una coincidencia cargada de simbolismo: hoy es sábado 6 de junio, exactamente el mismo día de la semana en que se fechaban aquellos acontecimientos en 1885. Ya han transcurrido 141 años de aquel otoño decimonónico, pero la vigencia del recuerdo y la necesidad de gratitud siguen más vivas que nunca.
El año pasado, en la fecha conmemorativa de su fallecimiento, tuve el honor de dictar una ponencia y conversatorio en el local de la Escuela Artigas del Solar de Artigas Asunceno, la misma llevo el nombre de :"Artigas Róga" (Casa de Artigas en guaraní)—, donde expuse este trabajo de investigación de forma ampliada. Hoy, vuelvo a este rincón digital para reordenar los hechos, rescatar del olvido un compromiso gubernamental postergado y anunciar una oportunidad histórica invaluable para saldar, finalmente, una vieja deuda de honor.
Este compromiso olvidado se transformo en un acta. La historia nos traslada a junio de 1885. En el marco de la histórica devolución de los trofeos de guerra bajo la presidencia del general Bernardino Caballero, la Comisión Oriental uruguaya realizó un acto de profunda carga patriótica.
Como bien rescata el historiógrafo Pedro Lamy Dupuy en su obra documental Artigas en el cautiverio (publicada en 1913, cuyas páginas e iconografía histórica podemos contrastar en registros sobre esa fecha, la delegación uruguaya —integrada por el teniente general Máximo Tajes y los doctores Carlos de Castro y Lindoro Forteza, entre otros— visitó el sitio exacto donde se alzaba en «Ivyray» el humilde rancho de Artigas.
Hasta casi mitad del siglo 20 se atribuyo a Bompland, Bravo, Carvajal Etc esta imagen y la de Artigas!
En ese preciso lugar, pegado a la Casa Alta de los López en lo que hoy es el Jardín Botánico y Zoológico de Asunción, se demarcó el terreno y se labró un acta oficial con la firma del propio presidente Bernardino Caballero y sus ministros. En ella se asumía junto a la delegaciòn Oriental, (declarados ciudadanos Paraguayos), el compromiso solemne de erigir un monumento a la memoria del héroe en el predio donde vivió sus últimos años. Lamentablemente, a pesar de estar refrendado por las máximas autoridades de la época, ese homenaje en el suelo de su confinamiento nunca sucedió.
Para comprender el fervor y la legitimidad de las jornadas de aquel junio de 1885, comparto a continuación, de forma íntegra y sin modificaciones,
las crónicas originales publicadas por el diario El Orden:
"El Orden" 9 de Junio 1885
El lugar donde murió Artigas
Reportaje
A
las 12:30hrs del día sábado 6 del corriente partió de la estación
central hasta Trinidad un tren expreso conduciendo a las ilustres
personas portadores de nuestras reliquias, al Presidente de la
República, al piquete y a la Banda Oriental.
No
obstante haber dado uno de los diarios de la capital algo al respecto a
lo que ha tenido lugar allí, creemos deber hacerlo a nuestra vez,
quizá, con mejores datos por haber presenciado todo. Un sagrado deber
les llamaba en la Trinidad a los hijos de aquella ínclita y heroica
nación. Allí vivió en sus últimos tiempos de su vida el fundador de la
nacionalidad Uruguaya. Allí vivió el esforzado campeón que por libertar a
su patria se vio en la imperiosa necesidad de amasar con sus lágrimas,
el negro pan del ostracismo por la ingratitud de los hombres. Allí, en
fin, se apagó la preciosa vida del inmortal Artigas, ante cuyo nombre se
inclina hoy reverente un pueblo en señal de gratitud. Quisieron visitar
nuestros dignísimos huéspedes aquel lugar sagrado por más de un
concepto y así lo hicieron demostrando a propios y extraños que son
dignos de la patria que llegan al padre común de los Orientales.
El
tiempo todo lo destruye; apenas se ven los cimientos de la casa donde
pagó el tributo debido a la naturaleza aquel grande hombre, cuyas
veneradas cenizas descansan hoy entre los suyos. Un algo de sublimidad
se notaba en el aspecto de esas ruinas. Aquel lugar tenía en esos
momentos ciertos encantos que lo hacía doblemente poético e interesante.
Un suave vientecillo acariciaba mansamente las hojas de los árboles en
cuyos pliegues parecían leerse en nombre de aquel peregrino a quien la
muerte le sorprendió, como dijo el Doc. Castro en esa ocasión,
quinientas cuarenta leguas de su hogar. Todos y cada uno de los señores
examinaban cuidadosamente objeto por objeto creyendo ver en ellos un
algo que diese idea siquiera del que ha treinta y tantos años supo
darles vida con su presencia. ¡Cuántas veces, dijo uno habrán
sorprendido estos árboles en los ojos de Artigas lágrimas de dolor al
recordar a su patria! Al ver una planta de naranja muy vieja que se
encuentra inmediato del lugar donde había estado la casa, dijo el
General Tajes:
¡Cuántas veces en la sombra de este árbol habrá toma do mate Artigas! Y mandó sacar un gajo para llevar a su Gobierno.
Otros
arrancaron hojas de naranjo de la planta que dio sombra a Artigas y se
pusieron en el ojal de la levita en señal de reconocimiento.
El Doc. Forteza trajo un pedazo de piedra para llevar a Montevideo, sacada del cimiento de la casa que fue vivienda de Artigas.
El tema obligado de las conversaciones, en fin, era el ilustre finado.
El
General Tajes pronunció un sentido discurso al frente de las tropas que
en ese mismo lugar estaban en formación, recordando haber fallecido en
ese mismo lugar el más ilustre de los orientales.
La banda de músicos entonó los himnos Oriental y Paraguayo.
Hicieron
uso de la palabra los doctores don Carlos de Castro y don Lindoro
Forteza, el primero a nombre del Poder Legislativo de su patria y el
segundo en nombre del Poder Judicial, invocando cada uno las virtudes de
aquel grande hombre.
Se labro un acta que ha sido firmada por todos los concurrentes.
Mandaron
sacar varias fotografías una de la Comisión Oriental portadora de los
trofeos con el piquete y la banda de música en formación; otra en la
misma posición incluyendo los acompañantes; otra de la Comisión al pie
del naranjo de que hemos hablado más arriba y otra de las gentes del
pueblo que concurrieron atraídas por la curiosidad
Este cuadro será en extremo interesante por la originalidad de la posición elegida al efecto.
Se
sentaron en el pasto, entre el populacho, todos los señores
comisionados, incluso el Presidente de la República y cuantos quisieron
hacerlo; el doctor de Castro con una indiecita de un año de edad medio
desnuda en la falda, el señor Granada apoyado en dos negritos de los
tantos que había; el Ministro Brizuela y el Comandante Ortiz medio
echados.
El cuadro era extravagante, pero bonito.
Anduvieron
como dos horas por allí, visitando la hermosa casa de la Señora López
de Barrios que queda unos treinta pasos de la casa que ocupó el General
Artigas.
Del
segundo piso contemplaron largo rato el majestuoso panorama que queda
en frente, de donde se distingue claramente las olas del agitado río, se
domina la Ciudad, el Hospital potrero y el Gran Chaco hasta perderse de
vista.
¿Dónde
están esas notabilidades en la pintura, dijo el General Tajes, para
trasladar en el lienzo ese hermoso paisaje? ¿Dónde están los poetas, por
qué no vienen a templar sus liras en esta privilegiada tierra? A la
verdad, estaba sublime aquello, encantado puede decirse. A las cuatro de
la tarde regresaron todos a caballo excepto el piquete y la banda de
música que vinieron en el tren. El Soldado de Artigas - Sabemos que los
señores de la Comisión han mandado al antiguo veterano Manuel Antonio
Ledesma, compañero del General Artigas, fuerte suma de dinero, y a la
vez le mandó al señor García la mensualidad acordada a su favor por el
Gobierno Uruguayo.
Informe y relato
Asunción, 7 de Junio 1885
Al Señor Presidente de la República Oriental.
En
este momento regresamos de Trinidad, lugar en que murió el General
Artigas. Nos transportamos allí en tren especial, con el Señor
Presidente de la República, muchos caballeros
paraguayos
y el piquete y banda Oriental con banderas. Descubrimos los cimientos
de la casa en que murió el padre de nuestra nacionalidad. Ante esos
sagrados vestigios, las bandas de música dejaron oír el Himno Oriental
seguido del paraguayo. El General Tajes pronunció en esos instantes un
bellísimo y elocuente discurso, así como los doctores Castro y Forteza.
Fue este un acto enternecedor a la vez que entusiasta, cuyo recuerdo
será imperecedero. Se sacaron vistas fotográficas y se recopilaron mil
reliquias de aquel suelo para nosotros tan sagrado. El que suscribe
labró acta que firmaron todos los presentes, autentificando los hechos
que si hasta aquí eran tradicionales, de hoy más revista los caracteres
de un reconocimiento oficial. Las referencias que en la memoria de éstas
nobles gentes se conservan del sitio precioso en que rindió a Dios su
gran espíritu el gran Artigas, ha pasado desde hoy a la historia con
caracteres indelebles.
El
nombre de V.E. ha sido cariñosa y entusiastamente unido a este acto,
como lo es en todos los que lleva a cabo esta Comisión en el suelo en
que murió pensando en su Patria nuestro héroe inmortal; y hemos enviado a
V.E. un saludo y una felicitación que reiteramos en este momento. Por
la Comisión - Carlos de Castro.
Recurrí a la IA para conseguir una suerte de realismo en las imágenes que compartimos todos los años las originales, a seguir fusione la fotografía de 1885 con la acuarela de 1888 ya que el árbol de fondo es el mismo en ambas imágenes.
IMAGEN 2026 DEL CIMEFOR (Ejercito)
Centro de Instrucción Militar para Estudiantes y Formación de Oficiales de Reserva del Ejercito Paraguayo
Si bien notamos un error en la fecha, el lugar de la imagen es bien reconocido en el Paraguay
Tras años de constante labor investigativa y gracias a la gestión cultural de la asociación 3 Millones PY, la historia nos vuelve a convocar en primera persona. Con inmensa alegría puedo anunciar que, tras una solicitud formal plasmada en documentos -emails etc hemos conseguido la donación de un busto de Don José Artigas.
Esta pieza posee un valor testimonial extraordinario. Tal como expresé en la misiva de solicitud dirigida al Dr. Osvaldo Aren:
"Me he tomado la libertad de acudir a su generosidad para solicitarle la donación de un busto de Don José Artigas para ser emplazado en el solemne y preciso lugar donde se encontraba su humilde morada y donde se inmortalizó, en la quinta de Ybyray, zona de Trinidad, hoy Jardín Botánico y Zoológico de Asunción, lugar cual eternizó el lápiz de Alfred Demersay en el año 1846 a nuestro benefactor... ¡Con este reconocimiento retomamos lo proclamado en el año de 1885 por parte de la delegación del Uruguay junto a las autoridades Paraguayas!"
Este busto no es una idealización tardía; es una obra de arte fielmente inspirada en el célebre dibujo al natural que realizó Alfred Demersay en 1846. Es la viva imagen del "Karaí mboriahu" en tierra paraguaya: austero, reflexivo y profundamente humano.
Un llamado urgente a los gobiernos
Erigir el busto del Protector en el lugar preciso donde se encuentran los cimientos de su casa es un deber cívico y una responsabilidad moral para reafirmar los valores de la Patria Grande. Crean que el lugar geografico en donde se alzaba la humilde casita construida por el gran presidente don Carlos Antonio Lòpez para residencia de su amigo Don Josè, sera un verdadero ejemplo de espacio, de raices, de memoria e identidad para los pueblos y para el mundo.
Desde esta tribuna, hago un llamado enérgico y respetuoso a las autoridades de la Municipalidad de Asunción, a la direcciòn del Jardin Botanico y Zoologico, Academia Paraguaya de la Historia, Secretarias de Patrimonio, de las Camaras y la SNC, en si a los gobiernos en pleno de la República del Paraguay y de la República Oriental del Uruguay para que presten verdadero interés, voluntad política y otorguen las autorizaciones administrativas necesarias para este proyecto.
Instalar definitivamente este busto de Demersay al lado de la Casa Alta de los López no solo honrará un acta firmada por el presidente Caballero que lleva 141 años esperando; será el puente definitivo de hermandad familiar y americana en esta tierra colorada que recibió con tanto afecto a nuestro prócer. La palabra empeñada en 1885 debe ser, por fin, una realidad.
Fechas tentativas: Este año estamos atravesando los 100 años de la Avda. Artigas y los 100 años de la inauguración oficial institucional de la escuela del Solar de Artigas.
Para quienes elaboramos materiales sobre Josè Artigas y ademas seguimos investigando sobre su historia, sabemos que ante la falta de documentaciòn surgen mitos,documentos que no citan fuentes, encontrar ese genesis se torna una ardua tarea pero en el presente a pesar de lo dificil, la digitalizacion de varios textos inclusive el Archivo Artigas nos facilita la labor.
Con frecuencia solemos escribir màs acerca del ultimo periodo de Artigas, ese menos conocido del protector, pero hoy nos llama conmemorar esta fecha que marca un hito dentro de su gesta.
(Pueden ver el video clickeando arriba el enlace del mismo nombre)
Notamos que las personas no saben siquiera porque es el feriado de la fecha, por esta razon recurrimos a realizar este post.!
Queremos esclarecer ciertos aspectos o hechos que no son como piensan la mayoria de las personas, tal el caso de este "primer
triunfo del ejército patriota al mando de José Artigas de la Junta
Grande de las Provincias Unidas del Río de la Plata en territorio de la
Banda Oriental. Su ideario se resume en LIBERTAD y UNIÓN para los
RIOPLATENSES."
El hecho se puede entender como esas cuestiones extrañas que marcan los procesos, recordemos años màs tarde hacia 1825 La Declaratoria de Independencia de la Florida o Piedra alta en la cual refiere a la
Ley de Unión de la Provincia Oriental a las otras Provincias Unidas del Río de la Plata (unión con las demás Provincias Argentinas, á que siempre perteneció por los vínculos más sagrado que el mundo conoce...)
Repasemos los acontecimientos de 1811, el 11 de abril Jose Artigas comienza su gesta desde su cuartel provisorio en Mercedes lanzando una arenga a los Orientales, los invitaba a plegarse a la revolución contra el poder monárquico, les exhortaba a defender la libertad, a ser libres e iguales, a desprenderse del sometimiento.
28 de febrero - Grito de Asencio: Pedro Viera y Venancio Benavídes inician el levantamiento armado en Soriano.
11 de abril - Proclama de Mercedes: José Gervasio Artigas asume el mando y convoca a los orientales a las armas.
25 de abril - Combate de San José: Victoria patriota liderada por Manuel Artigas y Venancio Benavídes.
Durante el asalto final, el capitán Manuel Artigas, primo de Jose Gervasio sufrió heridas de gravedad que le provocaron la muerte semanas después, a finales de mayo de 1811
El nombre del capitán Manuel Artigas está inscrito en la emblemática Pirámide de Mayo ubicada en la Plaza de Mayo de Buenos Aires, Argentina
18 de mayo - Batalla de Las Piedras: El primer gran triunfo militar de José Gervasio Artigas, que consolidó la revolución.
El 10 de octubre de 1811 tuvo lugar una reunión de los orientales en la quinta de "La Paraguaya", donde es designado General en Jefe de los Orientales. Al producirse un acuerdo (armisticio) entre Buenos Aires y Montevideo
los criollos entendieron que estaban solos en sus aspiraciones por lo
que deciden emigrar sentando las bases de la tendencia autonomista de la
Banda Oriental. La columna que era parte del ejercito triunfante de la Batalla de Las Piedras partio hacia el Norte "Nada debemos esperar sino de nosotros mismos" escribiría José Artigas después iniciando la Redota (que conocemos con el nombre de Exodo. Hacia la década de 1880, Clemente Fregeiro buscó una palabra con mayor peso épico e histórico para consolidar este hito en los textos escolares y la identidad nacional. Eligió "Éxodo" debido a su fuerte carga bíblica y simbólica (evocando la marcha de Moisés en busca de la libertad), ligándolo definitivamente a la idea del nacimiento de la orientalidad.
Volviendo al tema de hoy citado al comienzo: La Batalla de Las Piedras debemos decir que a partir de la segunda mitad del siglo 20 comenzo a resonar la frase "Clemencia para los Vencidos, Curad a los heridos, respetad a los prisioneros...", Frase que como manifiesta la Historiadora Ana Ribeiro en el siguiente video del Museo Historico Nacional...NUNCA SE ENCONTRO!(2:56)
Entonces.... Que dijo Artigas?
Buscamos en el Archivo Artigas de la Biblioteca Nacional Digital, Título: 04 - Archivo Artigas Editorial: Comisión Nacional Archivo Artigas (Uruguay) con fecha de publicación: 1953-10-10, pueden ingresar o descargar en el siguiente enlace: http://bibliotecadigital.bibna.gub.uy:8080/jspui/handle/123456789/1010 Comienza en la pàgina 376 del archivo (420 digital pdf) capitulo XIII
No encontramos nada!, entonces recordamos un excelente articulo del Instituto Artiguista de Santa Fè, escrito por el Lic. Alberto Umpièrrez el cual compartimos con ustedes enseguida de esta imagen del Tomo 4, pàgina 401 (445 pdf)
Habiendo realizado una breve investigación, a instancias del amigo
Tabaré Hackembruch, buscando dónde aparece documentada la famosa frase
de José Artigas “Clemencia para los vencidos”, paso a dar cuenta de los
resultados.
1) Archivo Artigas
La búsqueda
en el Archivo Artigas fue infructuosa respecto a la frase de referencia,
aunque sí aparece un texto que refleja el espíritu de la misma, que
pertenece al segundo Parte de Batalla que Artigas remite a la Junta
Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata, fechado en el
Campamento del Cerrito de Montevideo, el 30 de mayo de 1811, en el cual
expresa lo siguiente:
“La tropa enardecida hubiera pronto
descargado su furor sobre las vidas de todos ellos, para vengar la
inocente sangre de nuestros hermanos, acabada de verter para sostener la
tiranía; pero ellos al fin participando de la generosidad que distingue
a la gente americana, cedieron a los impulsos de nuestros oficiales
empeñados en salvar a los rendidos.” (Archivo Artigas, Tomo Cuarto, pág.
400, Montevideo, 1953)
En este documento también se
establecen las cifras definitivas de muertos y heridos por ambas partes,
resultando del lado patriota 11 muertos y 28 heridos, incluyendo a 7
hombres del Regimiento de Patricios que fueron muertos por una sola bala
de cañón disparada desde la línea española al inicio de la batalla.
Pero
del lado realista se dan cuenta de 97 muertos y 61 heridos, una cifra
que contrasta notoriamente, sobre todo considerando que los muertos casi
duplican a los heridos, y que los patriotas prácticamente no tenían
artillería significativa.
Este contraste parece indicar que “la
generosidad” y la clemencia seguramente llegaron después de que “la
tropa enardecida” ya había “descargado su furor” sobre buena parte de
los rendidos.
Resulta muy esclarecedor en este sentido el Parte de
Batalla del propio capitán José Posadas, quien pinta un panorama por
demás caótico de la batalla desde el lado español. Este documento data
del 3 de octubre, cuando Posadas retorna a Montevideo junto con otros 14
oficiales. Cito el fragmento que corresponde a la fase final del
combate:
“… en vano les persuadía de que iban a ser víctimas,
pues era tal el terror, que tiraban sus fusiles y se metían en una
Cañada para libertarse de las balas, pero unos cuantos soldados
esforzados se reunieron y pudieron retirar un cañón y los dos obuses con
los que todavía se les hizo fuego, pero cargaron en gran número sobre
nosotros y la mayor parte han sido sacrificados al furor de los
insurgentes; considerando ya no había remedio alguno ni recurso de
defensa pues estábamos por todas partes rodeados se mandó poner bandera
parlamentaria por algunos oficiales que les habían dicho que yo era
muerto, y no es de extrañar, pues cuando avanzó el enemigo me mataron el
caballo de cuyas resultas di un fuerte golpe sacándome el segundo
Condestable José Pardo, que se hallaba herido, debajo de él sin recibir
daño alguno, pero a muy poco tiempo me hirieron los enemigos dándome un
sablazo en el sombrero de cuyas resultas se me cayó en el suelo, me
dieron otro de bastante consideración en la cara que me dividió el
carrillo izquierdo en dos partes, y el tercero en la cabeza, y
milagrosamente no fui muerto en aquel acto, pues me tiraron un balazo
casi a boca de jarro sin tocarme, y me iban a asegundar otro pero un
oficial que llegó en aquel acto me libertó la vida, enseguida caímos
prisioneros todos los oficiales y la tropa que había quedado…” (Archivo
Artigas, Tomo Cuarto, pág. 410-411, Montevideo, 1953).
Este
relato parece refutar la pacífica escena pintada por Juan Manuel Blanes
en 1895, bajo el título “La Batalla de Las Piedras”, en la cual aparece
el Presbítero Valentín Gómez caminando hacia el Capitán José Posadas
para recibir el sable del vencido, bajo la mirada de José Artigas
montado a caballo. Hecho que, además, tampoco tiene ningún respaldo
documental publicado en el Archivo Artigas.
2) Los primeros historiadores
Ante
la falta de constatación documental de la frase de referencia, busco en
los textos de Historia Nacional más antiguos, como es el caso, por
ejemplo, de la “Historia de la Dominación Española en el Uruguay” de
Francisco Bauzá, calificada como una de las mejores y más completas por
el Prof. Juan Pivel Devoto, publicado entre 1880 y 1882. La Batalla de
Las Piedras se describe con gran detalle entre las páginas 157 y 161 del
texto (Colección de Clásicos Uruguayos, Volúmen 99, Tomo V, Montevideo,
1967), pero en ningún momento se menciona la frase buscada y tampoco se
refiere nada parecido a la escena pintada por Juan Manuel Blanes poco
más de 10 años después.
3) Los poetas
Buscando
ahora en el libro de Daniel Hammerly Dupuy “Artigas en la Poesía de
América” (Editorial Noel, Buenos Aires, Noviembre de 1951), finalmente
logro encontrar la frase, que luce, aparentemente por primera vez,
escrita en un "supuesto poema de Joaquín Lenzina (el “negro” Ansina)", titulado
“Los gestos del héroe” (pág. 111-112):
“Por sus frutos se conoce al guayabo…
Al puma y al yaguareté, por su instinto,
Y por sus plumas al papagayo;
Pero cada hombre, es distinto…
“Hay entre hombre y hombre, diferencias
Más notables que el color de la piel.
Aunque Dios ha dado las conciencias,
Los hombres se hacen de miel o de hiel
“De los humanos que he conocido,
Admiro a Artigas como al mejor,
Porque en los años que he vivido,
Aprendí a seguirlo con fervor.
“En ello no tengo el menor engaño,
Porque he sido como su sombra,
Desde que lo conocí hace años,
En tiempo que ya ni se nombra…
“No puedo olvidar el día cuando lo vi.
Me habían reducido a la esclavitud,
Y en la última desgracia viví,
Hasta que conocí a este hombre de virtud.
“Mirándome con sus ojos celestes,
Con un gesto de gran humanidad,
“Pagaré –dijo- lo que me cuestes”
¡Y me dio la libertad!
“Cuando fue el blandengue restaurador
Mostró su voluntad por la rectitud,
Protegiendo a los paisanos con amor,
Y enseñando a los bandoleros la virtud.
“Sus grandes cualidades son muchas.
Dotado de voluntad y paciencia,
Participó heroico en las luchas.
Los ingleses vieron su experiencia.
“Fue en la batalla de Las Piedras,
Donde obtuvo la gran victoria.
Inmensa habría sido la tragedia,
Si Artigas sólo pensara en la gloria…
“Mientras haya Oriente y Occidente,
Mientras los pájaros hagan nidos,
Se recordará su orden imponente:
“¡Clemencia para los vencidos!”.
No
hay ningún otro de los poemas publicados en este libro de 1951 que
mencione la frase completa. Este es el único. Aunque otros versos de sus
contemporáneos Bartolomé Hidalgo y Eusebio Valdenegro, y otros autores
posteriores mencionan que fue “clemente” o “piadoso”, sin referirlo a
una frase concreta.
Ni siquiera Juan Zorrilla de San Martín, quizá
el mayor apologista de José Artigas en su “Epopeya de Artigas” de 1910,
menciona la famosa frase que se imputa al prócer.
Dice Zorrilla en esta obra al respecto de la Batalla de Las Piedras:
“¿Queréis,
sin embargo, verlo un instante en el campo de batalla, una vez por
todas siquiera, aquí en Las Piedras? Miradlo en el momento en que, ya
entrada la tarde, Posadas, el jefe enemigo, que ve a su alrededor 97 de
sus soldados muertos y 61 heridos ; que se encuentra envuelto por todas
partes por los patriotas triunfantes, y se siente desmoralizado, hace
levantar bandera de parlamento. Tan estrechado estaba, que es Artigas
personalmente quien, envainando su espada, le intima á voces que se
rinda a discreción, prometiéndole su vida y la de todos. Así lo hizo el
bizarro jefe español. Pero Artigas no recogió personalmente la buena
espada de aquel hombre de bien, leal a su patria y a su rey. Como
tributo de hidalgo respeto, envió a un sacerdote, al capellán don
Valentín Gómez, a recoger como objeto sacro aquella espada.
“Posadas
se entregó a discreción, con 22 oficiales y 342 individuos de tropa.
Del resto de su ejército, una parte quedaba postrada en el campo; la
otra se dispersó. Las pérdidas de los patriotas fueron 11 muertos y 23
heridos. En poder de Artigas quedan 462 prisioneros, con sus jefes y
oficiales, y cinco piezas de artillería, armas, municiones y bagajes.
“Para
juzgar de esas cifras, mis queridos artistas, es necesario que las
consideréis con relación al teatro de la acción. Son muy grandes. La
batalla de San Lorenzo, primera resonante victoria de San Martín, el
gran capitán americano, se libró entre 200 ó 300 hombres por ambas
partes. Y es un fasto glorioso de la revolución de América.
“Notemos
un rasgo final en este combate, que consuela las congojas provocadas en
el espíritu por la ejecución de Liniers y la de los vencidos en
Suipacha: ni una gota de sangre manchó las manos del vencedor de Las
Piedras. Artigas personalmente defendió a los fugitivos, e hizo de ello
siempre un título de honor; lo consigna expresamente en el parte de la
victoria. Después de la batalla, se verificó el canje de los
prisioneros, el primero realizado en América, de acuerdo con las leyes
de la humanidad, y de la guerra. La humanidad, mis queridos artistas,
fue el rasgo característico de ese hombre de bien. Nadie lo superó en
esa virtud; muy pocos lo alcanzaron. En esta acción de guerra, como en
todas, sin una sola excepción, el héroe oriental pudo incluir su
victoria entre sus buenas acciones.” (Conferencia IX, “Las Piedras y el
Éxodo del Pueblo Oriental”)
Nótese que el autor se refiere al
episodio retratado por Juan Manuel Blanes unos años antes, que
seguramente fue y sigue siendo la imagen más icónica sobre la Batalla de
Las Piedras, pero no menciona la famosa frase.
4) Conclusión
Considerando
los elementos reseñados, podemos concluir que la Batalla de Las
Piedras, seguramente por su carácter de hito fundacional de la
Orientalidad y de la Independencia Americana, fue objeto de una
elaboración “mitológica” posterior, de una mitología gráfica (Blanes) y
de una mitología poética (Ansina).
Que haya habido una elaboración
mitológica posterior, vinculada a la apología de Artigas en el marco de
la construcción de la identidad Oriental, no significa la frase
“Clemencia para los vencidos” no haya existido o que no fuera Valentín
Gómez quien recibió el sable del capitán Posadas, eso seguramente nunca
lo sabremos con certeza.
Las pruebas documentales inducen a pensar
que la batalla fue bastante más caótica que como la pintó Blanes, que
no hubo una sola rendición, sino varias, y que seguramente también hubo
excesos, en particular sobre los soldados españoles que huían
aterrorizados y desarmados rumbo a la Cañada que hace referencia Posadas
en su Parte de Batalla.
La orden de “Clemencia” seguramente evitó una masacre mucho mayor de los vencidos.
Con
relación Hammerly muchas referencias históricas se le atribuyen
erróneamente como si fuera la primera fuente documental, pero esto no es
así, todo lo “inédito de Hammerly” tiene un antecedente, documental,
bibliográfico o es directamente inventado. En el artículo escrito
por el actual Director del Archivo General de la Nación, (Alberto
Umpiérrez (2021): Los mitos de la Batalla de Las Piedras. Publicado el
22 de septiembre.
https://institutoartiguista.org.ar/los-mitos-de-la-batalla-de-las-piedras/)
la frase “Clemencia para los vencidos”. Como todos sabemos ha sido
atribuida a José Artigas, sin que exista –hasta el momento- respaldo
alguno para sostenerlo. En la búsqueda del origen de esta expresión,
el trabajo se focalizó básicamente en el Archivo Artigas y en algunos
clásicos uruguayos, entre ellos Bauzá y Devoto. Al llegar al libro de
Hämmerly, expresó:
finalmente logro encontrar la frase, que
luce, aparentemente por primera vez, escrita en un poema de Joaquín
Lenzina (el “negro” Ansina), titulado “Los gestos del héroe”.
Tiendo
a pensar que Hämmerly tomó contacto con las obras de alguno de los
siguientes escritores, a quienes cito a modo de ejemplo: Victor
Arreguine (1892), Benjamín Fernández y Medina (1895) Hugo David
Barbagelata (1924), Hermano Damasceno (1929), Humberto Zarrilli (1944).
Todas ellos pusieron en la voz de Artigas, la frase con la que Hämmerly
cierra su poema publicado en 1951. Invoco estos antecedentes, con la
intención o con la ilusión de que otros investigadores no citen a
“Lenzina”, como testigo de la frase atribuida a Artigas: “clemencia para
los vencidos”, supuestamente pronunciada en la Batalla de las Piedras. Tampoco Lenzina pudo ser testigo de las acciones revolucionarias de Artigas en 1810 porque estas comenzaron en 1811.
La imagen detalla con precisión que la letra original del Himno Nacional Argentino menciona a "Ambas Piedras". Esta poética expresión de Vicente López y Planes agrupa ingeniosamente dos batallas distintas que comparten el mismo nombre en la gesta patriótica
YAPA:
Esto ocurrió en el Primer Sitio de Montevideo (1811), rescata una de las ironías más brutales de nuestras guerras de independencia.
El Cañón de la Corona: Para defender la ciudad amurallada, los realistas españoles bautizaron a su cañón principal y más destructivo con el nombre de "Túpac Amaru". El mensaje de los españoles era pura soberbia: usar el nombre del líder inca (ejecutado por ellos en 1781) como una herramienta para aplastar a los nuevos revolucionarios.
El "Túpac Amaru" del otro lado: Lo que los españoles no imaginaban es que, del lado de afuera de la muralla, el jefe de los patriotas era José Gervasio Artigas. ¿Y saben cómo llamaban los gobernantes realistas a Artigas en sus cartas y periódicos de la época? Lo apodaban despectivamente el "Túpac Amaru de la Banda Oriental o Americano" debido a su capacidad para levantar en armas a las masas de indios guaraníes, charrúas y gauchos de la campaña.
El Giro del Destino: Aunque en 1811 los patriotas debieron retirarse por razones políticas, la fortaleza española cayó definitivamente en 1814. ¿El resultado? Todo el arsenal realista —incluido el cañón de la ironía— fue capturado por los revolucionarios y las mismas armas del Rey terminaron sirviendo a la causa de la libertad americana
El "Túpac Amaru" no era un cañón ligero que se pudiera mover fácilmente por el campo o el barro de Las Piedras. Era una pieza de artillería pesada de posición.
El "Túpac Amaru" empieza a tronar después del 18 de mayo. Al perder la Batalla de Las Piedras, los españoles supervivientes corrieron a refugiarse detrás de los muros de Montevideo. Artigas los persiguió y comenzó el Sitio de Montevideo. Fue recién ahí, durante los bombardeos del sitio, cuando los realistas usaron ese imponente cañón para frenar el avance de las tropas artiguistas
Hoy se cumplen 113 años de este discurso del dr. Oleary, -"Sublime".-
Contexto, año de 1913 ....La juventud oriental organizó, hace pocos meses, una peregrinación civica a la Asunción del Paraguay, determinada por dos motivos simpáticos y poderosos: saludar al país hermano en el aniversario de su independencia y cubrir de flores el sitio que fué tumba, en la vida y en la muerte, del ge neral José Artigas.
DIA 14 - 9 a. m. Recepción en la Universidad.. Harán uso de la palabra los -- - doctores Manuel Domínguez, Ignacio A. Pane y el señor Juan E. O'Leary.
Cerró el acto el director del Colegio Nacional, señor Juan E. O'Leary. El inspirado cantor de nuestras glorias habló en la siguiente forma:
"Señores: La juventud paraguaya ha querido que fuera yo quien en su nombre os diera la bienvenida en esta casa que es como el ALMA MATER del Paraguay moderno. Ella me ha pedido, también, que os expresara el inmenso júbilo que llena su alma al veros en nuestra tierra, materializando con vuestra presencia viejos afectos, cultivados al través del tiempo y de la distancia. Ella desea, en fin, que yo interprete sus sentimientos hacia la gran patria oriental y hacia sus hijos heroicos y caballerescos. Pues bien, señores: escuchad el mensaje, y en la torpeza de mis palabras no busquéis sino la expresión de mi sinceridad. Vosotros sabéis, orientales hermanos, que por sobre todas las virtudes de nuestra raza ha estado siempre nuestra inflexible lealtad, ya que por acabar de ser leales lo fuimos hasta con el infortunio, con la derrota y con la muerte. Podéis, pues, creer que cuanto vais a oir es apenas un débil acento de lo que todos los paraguayos llevamos para vosotros en nuestro corazón sin dobleces, sentimientos tan profundamente arraigados que nada ha podido debilitar, ni aún la locura de los tiempos, ni aún los horrores de la guerra, en dias que nosotros ni siquiera recordamos ya... Y la verdad es que nuestra simpatia viene de lejos y que su explicación no es dificil si pedimos a la historia que ilumine las tinieblas del pasado. Nuestras patrias vinieron a la vida en la misma hora, bajo idéntico des- tino. Una misma fatalidad pesó sobre las dos, un mismo anhelo las empujó adelante y los mismos contrastes se interpusieron en su camino. La geografia perfiló los caracteres singulares de la raza, y, dentro de la gran familia rio- platense, tuvimos nuestras fronteras morales, contra las cuales se estrellaron al Norte y al Sud las mismas ambiciones vecinales. No necesito recordaros en todos sus detalles este estrecho paralelismo de nuestro ayer, ni necesito insistir sobre las infinitas afinidades de nuestros pueblos. Pero he de evocar el recuerdo de un episodio de nuestra común historia que es como la consagración de esa alianza espiritual que siempre ha existido entre nosotros: Era la hora crepuscular, anunciadora del claro amanecer de un nuevo dia. Extraños rumores flotaban sobre el ambiente de la dormida colonia. El des- contento empezaba a agitar a los criollos, hasta entonces sumisos al yugo español. Nada había, pero los horizontes se oscurecian, y oídos bien expertos podian percibir el apagado rumor de la lejana tempestad. El virreinato, tran quilo en apariencia, era como un volcán en cuyas entrañas el fuego preparaba la erupción. Y ya lo sabéis, la vieja Albión precipitó los acontecimientos, lle gando a nuestras puertas, en son de guerra y de conquista, fiada en nuestra secular docilidad, en nuestra antigua mansedumbre. Buenos Aires se irguió con arrogancia, Montevideo se aprestó también a la pelea... y el Paraguay acudió resuelto al primer llamado de sus hermanos en peligro. La lucha fué terrible, revelándose un nuevo factor en el drama de la his- toria, factor activo, enérgico, avasallador, llamado a producir transforma ciones radicales y a operar milagros ni siquiera sospechados. Ese factor era el hombre americano, con cuya acción el mundo no contaba, y bajo cuyo in- flujo redentor iba a florecer la libertad a la faz de la Europa esclavizada! Salvada la vencida Capital, gracias a nuestro eficaz apoyo, los ingleses volvieron la vista a Montevideo, dirigiéndose contra ella. En tan apurado trance el desgraciado Marqués de Sobremonte corrió en vuestra defensa, al frente de un poderoso núcleo de milicianos, reclutados en las diversas provincias del virreinato. Entre ellos iban muchos centenares de paraguayos, a las ordenes del comandante José Antonio Yegros, padre del futuro prócer de nues tra independencia. Atacado por el invasor en los alredores de la ciudad, Si bremonte no supo sacar partido de los elementos de que disponía, sacrificando torpemente a sus soldados y dándose a la fuga, apenas empezada la batalla. Los jinetes paraguayos, entre los que estaba el después brigadier Fulgencio Yegros, y los jinetes orientales, entre los que estaba el después general José Gervasio Artigas, pelearon juntos, resistieron juntos, murieron juntos, bajo el tremendo fuego de los cañones enemigos... ¡Gervasio Artigas y Fulgencio Yegros! ¡Pensadlo bien, hermanos orientales! ¿No son acaso esos dos hombres providencia es la encarnación viviente de su raza y la síntesis humana de nuestra historia patria? Artigas era el Uruguay que iba a nacer; Yegros el Paraguay que se acer-caba. Los dos confundidos en el heroismo, abrazados en el peligro, juntos ante la muerte, eran como una revelación de nuestro destino, anudaban lazos que nunca se habían de romper, señalaban rumbos al porvenir. Yegros y Artigas sellaban asi, al pie de los muros de Montevideo, un pacto que todas las vicisitudes de nuestra tormentosa existencia no habían de des-truir. Y la sangre de nuestro héroe, herido de muerte en la batalla, rubricó aquel épico encuentro de dos pueblos, aquella fusión de dos razas, aquella comunión de dos patrias en un solo ideal de libertad. He aquí el punto de partida de esta corriente de hondo afecto y de inquebrantable simpatía que nos une, suprimiendo distancias, haciendo rimar los latidos de nuestro corazón en una indestructible fraternidad. De alli arranca esa afinidad de sentimientos entre paraguayos y orientales, que si alguna vez parece turbada por la demencia de los hombres, es sólo para resurgir más vigorosa, para asegurar definitivamente su imperio, para echar más hondas raices en las entrañas de nuestro pueblo. Quizá Artigas no presintió que a su lado caia Yegros, vale decir el Paraguay, para levantarse vencedor del polvo de la derrota. Quizá Yegros no sospechó que junto a él era vencido aquel obscuro blandengue, en cuya alma de fuego ardia el patriotismo charrúa, inmenso predestinado de vuestra historia, condensación luminosa de esos vagos instintos de la raza a los que él dió forma, a los que él dió vida, pronunciando la primera palabra de vuestro génesis. Pero desde aquella sangrienta encrucijada en que se puso a prueba el temple de nuestro espiritu. partieron los dos profetas, el uno hacia vuestras cuchillas, el otro hacia nuestras selvas, sombrios y meditabundos, des-lumbrados por la misma revelación. Y cuando sonó la hora del peligro, lanzados en pos de! mismo ideal, detenidos por idénticos obstáculos, amenazados en su obra y desconocidos en su empresa por la misma implacable madrastra, Artigas y Yegros se buscaron a la distancia, como viejos camaradas, y sus miradas se encontraron, si bien sus anhelos salvadores no pudieron fundirse en la realidad de los hechos. Estaba escrito que ellos arrojarian la semilla y la fecundarian con sus lágrimas y con su sangre, pero que no verían brillar el dia del triunfo, el dia bendito de la sacra cosecha, desde los umbrales del hogar feliz, en medio de sus pueblos redimidos. Y cuando llegó para el patriarca el instante inicial de su larga agonía, en aquel melancólico declinar de su fortuna, desecha honores, rechaza preben- das, agradece gentiles ofrecimientos, y, doblando sobre el pecho la cabeza, pone al trote su fatigado caballo de batalla, que en diez años no ha tenido una hora de descanso... y marcha al Paraguay! Fulgencio Yegros, y los jinetes orientales, entre los que estaba el después general José Gervasio Artigas, pelearon juntos, resistieron juntos, murieron juntos, bajo el tremendo fuego de los cañones enemigos... ¡Gervasio Artigas y Fulgencio Yegros! Los dos confundidos en el heroismo, abrazados en el peligro, juntos ante la muerte, eran como una revelación de nuestro destino, anudaban lazos que nunca se habían de romper, señalaban rumbos al porvenir. Yegros y Artigas sellaban asi, al pie de los muros de Montevideo, un pacto que todas las vicisitudes de nuestra tormentosa existencia no habían de destruir. Y la sangre de nuestro héroe, herido de muerte en la batalla, rubricó aquel épico encuentro de dos pueblos, aquella fusión de dos razas, aquella comunión de dos patrias en un solo ideal de libertad. He aquí el punto de partida de esta corriente de hondo afecto y de inquebrantable simpatía que nos une, suprimiendo distancias, haciendo rimar los latidos de nuestro corazón en una indestructible fraternidad. De alli arranca esa afinidad de sentimientos entre paraguayos y orientales, que si alguna vez parece turbada por la demencia de los hombres, es sólo para resurgir más vigorosa, para asegurar definitivamente su imperio, para echar más hondas raices en las entrañas de nuestro pueblo. Quizá Artigas no presintió que a su lado caia Yegros, vale decir el Para- guay, para levantarse vencedor del polvo de la derrota. Quizá Yegros no sospechó que junto a él era vencido aquel obscuro blandengue, en cuya alma de fuego ardia el patriotismo charrúa, inmenso predestinado de vuestra historia, condensación luminosa de esos vagos instintos de la raza a los que él dió forma, a los que él dió vida, pronunciando la primera palabra de vuestro génesis. Pero desde aquella sangrienta encrucijada en que se puso a prueba el temple de nuestro espiritu. partieron los dos profetas, el uno hacia vuestras cuchillas, el otro hacia nuestras selvas, sombrios y meditabundos, des- lumbrados por la misma revelación. Y cuando sonó la hora del peligro, la zados en pos de! mismo ideal, detenidos por idénticos obstáculos, amenazados en su obra y desconocidos en su empresa por la misma implacable madrastra, Artigas y Yegros se buscaron a la distancia, como viejos camaradas, y sus miradas se encontraron, si bien sus anhelos salvadores no pudieron fundirse en la realidad de los hechos. Estaba escrito que ellos arrojarian la semilla y la fecundarian con sus lágrimas y con su sangre, pero que no verían brillar el dia del triunfo, el dia bendito de la sacra cosecha, desde los umbrales del hogar feliz, en medio de sus pueblos redimidos. Y cuando llegó para el patriarca el instante inicial de su larga agonía, en aquel melancólico declinar de su fortuna, desecha honores, rechaza preben- das, agradece gentiles ofrecimientos, y, doblando sobre el pecho la cabeza, pone al trote su fatigado caballo de batalla, que en diez años no ha tenido una hora de descanso... y marcha al Paraguay! devolviéndonos esos sangrientos despojos de nuestro heroismo sin fortuna, renunciando a una herencia de odios que vuestra nobleza repudiaba, para im ponernos solamente una deuda de gratitud... Y tendréis la explicación de ese creciente cariño hacia vosotros que las nuevas generaciones paraguayas han recibido de sus mayores, y de ese intenso júbilo con que os vemos llegar a nuestras playas, como a ausentes queridos, por cuya vuelta suspirábamos. Y como si aun no fuesen suficientes tantos vínculos, vuestra generosidad ha querido sellar, una vez más, esta estrecha fraternidad, fundiendo en bronce vuestro afecto, para dejar sobre la tumba del guerrero que simboliza nuestra esperanza en el desastre, el homenaje del Uruguay de hoy en los laureles de una corona. ¡Gracias, hermanos! El presente y el pasado se refunden asi en la gran memoria de Artigas. Yegros y Díaz no son sino la Patria misma en marcha hacia el porvenir. Con la sangre del uno se firmó el primer pacto en vuestra tierra, sobre el sepulcro del otro va a confirmarse la eternidad de ese abrazo que impusiera el Sembrador. Pero, por sobre todo, está él, su espíritu flota sobre nuestra vida, como sobre el caos el espíritu de Dios. Somos hermanos en El, y lo seremos, a pesar de todos nuestros errores y extravios, porque más poderosa que nuestras pasiones, y más grande que nuestras debilidades, es la sugestión de su recuerdo!"
-En 1911 llegaron los primeros peregrinos patrioticos en relaciòn al centenario de la victoria de La Piedras en 1911, pero no fue hasta abril del año 1913, en que el Paraguay al enterarse de la venida de una nueva Peregrinacion reafrma enviando al Uruguay los papeles de Derechos sobre el lote del Solar, En mayo, durante la estadìa de la delegación es que fue escogido un espacio de los lugares descanso de Don Josè, este comprendìa un añoso ejemplar de Yvyra-pytà. El Proyecto de dicha peregrinaciòn fue presentado por el director de "La Prensa", de la ciudad de Salto y el "Club Juventud Salteña" al cumplirse un siglo de las Instrucciones del año XIII,
Los peregrinos parlamentarios y una secciòn del regimiento de Blandengues encabezaron la comisión en esa oportunidad.. Los discursos fueron realizados por el Presidente de Paraguay Don Eduardo Shaerer haciendo referencia a la entrañable amistad entre Artigas y Yegros, que fue recordada durante los festejos por los historiadores Dominguez y por el poeta escritor OLeary el 14 de mayo de 1913, teniendo como centro de reuniòn el umbroso Yvyra-pytà. La entusiasta comitiva conto con la colaboraciòn del Gobierno, que en aquella època presidia Don Josè Batlle y Ordoñez. Dentro de las destacadas personalidades se encontraban, el Dr. Daniel Muñoz, Fermin Yeregui, Julio Marìa Sosa, Joaquin Sanchez, Jose M. Fernandez Saldaña, Luis S. de Herrera, el Pbro. Arturo M. Arrivillaga, Antonio Grompone, Ramòn P. Miranda, Eduardo Salterain Herrera, Cañizas, Constancio Ferreira, Raùl Casal Ribeiro, etc etc entre otros. La idea original de la fundaciòn de una escuela pùblica honrando la memoria del pròcer y llamada "Artigas" en el "Solar Asunceño de Artigas", perteneciò a uno de los peregrinos, el historiador Hector Miranda.
-Otro de los discursos realizados estuvo a cargo del gran poeta paraguayo Eloy Fariña Nuñez, al otro dìa, el 15 de Mayo de 1913. Núñez conmovió a los "charrúas" visitantes, con estos versos: "....Sed bienvenidos, nobles uruguayos hijos de la gentil Montevideo a la tierra solar donde durmiera el gran Artigas su glorioso sueño y donde no seréis jamás extraños desde que disteis el viril ejemplo de perdonar la deuda de la guerra y de restituirnos los trofeos...".
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Fuente: Paraguay-Uruguay las fiestas de confraternidad celebradas en Asuncion con motivo de la peregrinacion , Por Adriano Irala y Santino Burgos .Bs.As.1913