martes, 30 de diciembre de 2025

El gran traicionado.


 UN TEXTO DE CARLOS QUIJANO: El gran traicionado


Hace poco más de diez años, Pivel Devoto mostró, desde las páginas de MARCHA, en una dilatada y documentada serie de notas, como, a través del tiempo, había solucionado el juicio sobre la personalidad y la acción de Artigas. "De la leyenda negra al culto artiguista" se titulaban esas notas, que por desgracia detuvieron sus comentarios en 1880.


"Vencedor en el terreno ideológico -escribía Pivel- Artigas vio eclipsar su hegemonía política ante el reclamo de sus tenientes que con las provincias que acaudillaban, se creyeron en un grado de madurez reñida con el protectorado, al tiempo que los últimos hechos de armas en la resistencia contra la invasión portuguesa, señalaban el ocaso del poderío militar del jefe de los orientales".


"Desde ese momento, todos aquellos motivos de pasión personal y colectiva que la lucha había engendrado, servirían para nutrir los juicios de la 'leyenda negra artiguista'. La clase culta del Río de la Plata, que salvo excepciones, entró a la revolución de 1810, sin sospechar las alteraciones del orden social que ella traería, así como los otrora ricos hacendados de la campaña oriental que auspiciaron la gran protesta rural de 1811,a la que Artigas dio un contenido ideológico contrario a sus intereses, no perdonarían por largo tiempo al 'caudillo tumultuario' que al declarar a estos pueblos 'en el goce de sus derechos primitivos', los iniciara en la verdadera revolución, cuyas incontables manifestaciones anárquicas fueron desde entonces señaladas como sello característico de lo que se dio en llamar 'los tiempos de Artigas'.


Es hora de preguntarse si ese culto a que refiere con toda propiedad Pivel, no es un culto, de latría, si no lo es también, en muchos aspectos, externo, si, por último no es superfluo, en cuanto "se da por medio de cosas vanas e inútiles o dirigiéndolo a otros fines" que los verdaderos y auténticos.


La leyenda negra puede haber adquirido nuevas formas la que fue ponzoñosa calumnia puede haberse convertido en reverente homenaje, pero una y otro responden al mismo propósito: ocultarnos a Artigas, despojarnos de él, disimularnos su significación, ofrecernos una imagen desfigurada del héroe. La diatriba y la hagiografía conducirían a lo mismo, Y lo que no pudo aquélla, lo lograría ésta. Así nos parece. Traicionado en vida, Artigas sigue traicionado en la muerte. ¡Y qué traición!


Bien pocos, -si los hubo-, tuvieron en la patria, vieja, cabal medida de lo que Artigas fue y representó. La traición y la defección fueron la infatigable compañía de éste. Sombra y eco de su soledad. No pensamos al decirlo en la traición de las oligarquías porteñas, la de los Pueyrredón y los Tagle; no pensamos tampoco en las astucias alevosas de los caudillos del Protectorado ni en las de la diplomacia lusitana, sutil y corruptora. Pensamos en las que conoció y sufrió en su propia tierra que revistieron las más diversas formas. Uno de los episodios menos explorados de nuestra historia es el de la invasión portuguesa y aún menos explorado todavía -hechas las debidas excepciones, Pivel en primer término- son los años de la Cisplatina que, en realidad, se extienden desde la ocupación de Montevideo, el 17 hasta el 25.


¿Por qué ese vacío en nuestra historia? La Cisplatina, sin embargo, es un fruto y al tiempo una semilla. Anuda el paso de los hechos. Muestra la continuidad de una lucha que llega a nuestros días y ha de prolongarse en los futuros. La Cisplatina es el reclamo, primero y la gozosa aceptación después, de la invasión extranjera. Las fuerzas del "orden" estaban cansadas de la anarquía y los "anarquistas". De la tumultuaria irrupción de las masas. El héroe convocaba al sacrificio; el extranjero, ofrecía la sopa en el collar. Entre la libertad -aventura y riesgo- y la seguridad -sumisión y prebendas- la opción dc las llamadas clases dirigentes de entonces, fue la que debía ser.


¿Por que, -volvemos a preguntar-, la Cisplatina ha tenido tan pocos comentarios y comentaristas?


Admitamos que sea por pudor. Al respecto se nos permitirá intercalar el relato de un pequeño hecho. En 1852, apareció en Londres la segunda edición ampliada de un libro de Sir Woodbine Parish -Buenos Aires and the provinces of the Rio de la Plata- Woodbine Parish había sido cónsul general de Inglaterra en Buenos Aires desde 1824 hasta 1832 y su obra rebosa de datos de gran interés. Poco después de publicado el libro, lo tradujo al español, en Buenos Aires, Justo Macao, al mismo tiempo que muchos años más tarde habría de participar con fervor en la reivindicación de Artigas. El libro de Parish contenía muchos documentos hasta entonces desconocidos. Macao suprimió algunos, y para explicar la supresión dijo: "En el original inglés hay un documento firmado por el general Belgrano y el doctor Rivadavia, datado en Londres el 16 de mayo de 1815 y que precede a los anteriores por su fecha; pero su contenido es de tal carácter que me he permitido omitirlo en este apéndice. Esta omisión despoja a esta traducción española de un valioso agregado; pero en cambio ella será bien acogida por los corazones generosos que preferirán la privación de una estéril curiosidad al oprobio que pueda recaer sobre nombres y reputaciones que como el del primero son el más glorioso timbre de la hidalguía argentina"


Más de treinta años después, en 1885, al publicar su "Artigas", Macao volvió sobre el tema:


"En la obra en inglés de Sir Woodbine Parish 'Buenos Aires y las Provincias del Río de la Plata' que tradujimos y anotamos extensamente hace treinta y un años, de que hablábamos antes, se contenían en el apéndice algunos de los documentos que evidenciaban esas vergonzosas defecciones. Entre ellas se incluía la reverente petición y súplica dirigida a Carlos IV por Belgrano y Rivadavia y otros documentos relativos a negociaciones análogas. Por lay un sentimiento de dignidad y aun de candor juvenil, como argentinos y aún como una amarga decepción a que no queríamos resignarnos, ni en la que podíamos creer, esperando a mejores pruebas, nos decidimos a suprimir algunos de esos documentos, de cuya irrecusable autenticidad muy pronto despues nos cercioramos y ratificamos".


Ahora bien, en 1958 se reimprimió en Buenos Aires -colección El Pasado Argentino, Hachette- el libro de Woodbine Parish, en la traducción de Macao y con un prólogo de José Luis Busaníche. El documento a que refiere Macao continúa suprimido y a él no hace la menor mención el prologuista Busaniche. Más aún al pie de la página 564, aparece otra vez la nota explicativa de Macao. Un largo siglo ha pasado y no se quiere develar el misterio. Agregamos, aunque ya el detalle es nimio, que por azar poseemos la edición original de Woodbine Parish, fechada en 1852, y que el documento de la referencia, va de las páginas 386 a 392, a pesar de que la versión que de 61 se da es un resumen, según el propio Parish lo declara.


Admitamos, como antes decíamos, que las mutilaciones y vacíos de nuestra historia se hayan producido, como en el caso de Macao, por pudor. Puede que en otros casos las razones hayan sido distintas; pero no interesa ahora discutirlo ni tampoco averiguarlo. La historia sincera, como la quería Seignobos no puede incurrir en semejantes omisiones. Y escribir la historia con sinceridad, nos hará bien a todos. No hay otra manera de conocer, por nuestro pasado, nuestro destino. Y entonces las falsas glorias caerán y las auténticas resplandecerán mejor.


Desde que la invasión se inicia, la traición hasta entonces soterrada, aparece. Los años que van del 16 al 20, -hasta que Artigas se encierra en el Paraguay- son años de lucha sin pausa y de cruentas y repetidas derrotas y también de flaquezas, defecciones y renuencias.


El "frente interno" como hoy le llaman, sobre todo Montevideo, no marcha a compás con la desesperada y audaz resistencia de las tropas, sin armas ni cuadros, de Artigas. Mientras esos soldados instintivos se hacen matar, el procerato ciudadano conspira, intriga, suplica y acoge complaciente las proposiciones de la oligarquía porteña y de la Corte Imperial. Cualquier amo antes que los "anarquistas" de Artigas.


Buenos Aires está dispuesto a entregar la provincia. El procerato montevideano a vender su alma, para salvar bienes y tranquilidad, al diablo. Pero no es sólo en la ciudad donde la conspiración se incuba. También los jefes militares participan en ella. Portugal, que ha esperado su hora, recoge, entre. bendiciones, los frutos de esta doble y además estúpida traición.


Y son muchos los grandes hombres de nuestra historia, esos que hoy llenan el nomenclator de la ciudad, los que aparecen confundidos entre las sombras de la gran conjura.


En 1816, ya con la invasión en marcha, se produce la asonada del 3 de septiembre y el arresto de don Miguel Barreiro. Al frente de ella están, entre otros, Juan Ma. Pérez y Lucas Obes.


Pocos meses después, Juan J. Durán y Juan Francisco Giró delegados del Cabildo de Montevideo, ofrecen en bandeja la provincia oriental al gobierno de Pueyrredón, más que cómplice, fautor de la invasión. De ese Cabildo forman parte Juan de Medina, Felipe García, Agustín Estrada, Joaquín Suárez, que luego rescatará con dignidad este error o falta, Santiago Sierra, Lorenzo J. Pérez, Jerónimo Bianqui. Artigas rechaza la entrega y contesta a los diputados Durán y Giró, desde el Campo Volante de Santa Ana, el 26 de diciembre de 1816: "Por precisos que fuesen los momentos del conflicto, por plenos que hayan sido los poderes que V. S. revestía en su diputación, nunca debieron creerse bastantes a sellar los intereses de tantos pueblos sin su expreso consentimiento.


Yo mismo no bastaría á realizarlos sin este requisito, ¿y V. S. Con mano serena ha firmado el acta publicada por ese gobierno en 8 del presente? Es preciso ó suponer a V. S. extranjero en la historia de nuestros sucesos, o creerlo menos interesado en conservar lo sagrado de nuestros derechos, para suscribirse á unos pactos, que envilecen el mérito de nuestra justicia, y cubren de ignominia la sangre de sus defensores".


"El jefe de los orientales ha manifestado en todos tiempos que ama demasiado su patria, para sacrificar este rico patrimonio de los orientales al bajo precio de la necesidad. Por fortuna la presente no es tan extrema que pueda ligarnos a un tal compromiso. Tenga V. S. la bondad de repetirlo en mi nombre á ese gobierno y asegurarle mi poca satisfacción en la, liberalidad de sus ideas, con la mezquindad de sus sentimientos."


"En consecuencia V. S. ha cesado de su comisión, y si le place puede retirarse a Montevideo, allí podrán efectuarse las justificaciones competentes, y ojalá que los resultados de su comisión condigan á los de su conocida honradez."


En mayo del 17, los jefes y oficiales de las fuerzas sitiadoras de Montevideo, se pronuncian contra Rivera y exigen que el mando sea conferido a Thomas García de Zúñiga.


Algo más tarde Bauzá; entre cuyos oficiales se cuenta Oribe, abandona el sitio y se va con armas y bagajes, previo acuerdo con Lecor, a Buenos Aires.


Después de la derrota de Tacuarembó, cuando Artigas marcha a las provincias argentinas que aún le son fieles, en busca de refuerzos, Rivera desacata las órdenes de su jefe y licencia sus tropas, deserta y se rinde a los portugueses. El propio Eduardo Acevedo, acota al comentar la lucha con Ramírez: "Fue vencido pues Artigas, gracias a la escuadra, a las armas y a los soldados que el gobierno de Buenos Aires había puesto a la disposición de Ramírez en virtud de los convenios secretos del Pilar. Y fue vencido también, porque las divisiones orientales que habían escapado del desastre de Tacuarembó, en vez de cruzar el Uruguay, desacataron sus órdenes para entrar en transacciones con Lecor. Si esas fuerzas lo hubieran acompañado a Corrientes, es probable que la suerte de las armas le hubiese sido favorable y entonces las Provincias Unidas habrían decretado la guerra al Brasil, como complemento obligado del derrumbe de las autoridades que habían pactado la conquista de la Banda Oriental. De aquí seguramente la amarga reconvención que el coronel Cáceres pone en boca de Artigas. "que Rivera tenía la culpa del triunfo de los portugueses".


Mientras los soldados de Artigas mueren en los combates que se inician en Santa Ana y se cierran en Tacuarembó; mientras los jefes planean pronunciamientos o desertan, el Cabildo de Montevideo, eximio representante de la contrarrevolución y -¿por qué no?- de la antipatria, se avillana en zalemas y genuflexiones ante el invasor. Lo recibe bajo palio y aprovecha la protección de las armas portuguesas para denostar a Artigas. El 23 de enero de 1817, seis días después de la entrada de Lecor, el Cabildo declara por boca de su síndico, que "debe tener en vista el comprometimiento general de este vecindario con las tropas de Artigas, con Buenos Aires y principalmente con los españoles; y que S. E. debe entrever que en manos de cualquiera de éstos que el pueblo desgraciadamente cayera, sería una víctima infeliz de la venganza y llegarían al colmo de sus desdichas. Que a él le parecía que al Cabildo representante de los pueblos, tocaba agitar su engrandecimiento y que no había otro medio que el que pasaba a proponer, cual es (previa la debida licencia del señor Capitán de la Provincia) hacer una diputación a su Majestad Fidelísima el Rey nuestro señor, impetrándole su protección y suplicándole que tuviera la dignación de incorporar este territorio a los dominios de su corona". Firman el acta los cabildantes, Juan de Medina, Felipe García, Agustín Estrada, Lorenzo J. Pérez, Gerónimo Pie Bianqui y el secretario Francisco Solano Antuña.


A poco, el Cabildo designa a Larrañaga y a Bianqui diputados ante el rey don Juan VI, para reclamar y concertar la incorporación. "Solicitarán -dicen las instrucciones- con el mayor empeño que S. M. se digne incorporar a sus dominios del Brasil este territorio de la Banda Oriental del Río de la Plata". Estas instrucciones, además de los anteriores cabildantes, las firman el alcalde de ler. voto don Juan José Durán y el Defensor de Menores don Juan Fco. Giró, los mismos personajes que un año antes hablan ido a entregarle la provincia a Pueyrredón.

La traición iba a consumarse. En tanto Artigas se hunde para siempre en el Paraguay, Canelones, Maldonado y San José. también se declaran incorporados a la corona de Portugal y en 1821 se reune el Congreso Cisplatino. Forman parte de é1 los cabildantes de antes, los desertores de antes y el 18 de julio de 1821, reténgase la fecha, después de sesudos discursos de Bianqui, Llambí y Larrañaga, se vota por aclamación la incorporación a Portugal. "De este modo, acertó a decir, Bianqui, se libra a la Provincia de la más funesta de todas las esclavitudes que es la de la anarquía. Viviremos en orden bajo un poder respetable; seguirá nuestro comercio sostenido pór los progresos dé la pastura; los hacendados recogerán el fruto de los trabajos emprendidos en sus haciendas, para repararse de los pasados quebrantos y los hombres díscolos que se preparan a utilizar, el desorden y satisfacer sus resentimientos en la sangre de sus compatriotas se aplicarán al trabajo o tendrán que sufrir el rigor de las leyes; y en cualquier caso que prepare el tiempo, o el torrente irresistible de los sucesos, se hallará la provincia rica, despoblada y en estado de sostener el orden que es la base de la felicidad pública. De hecho nuestro país está en poder de las tropas portuguesas".


Deben repetirse los nombres de los que vetaron esa incorporación tanto más cuanto que un sospechoso y en el caso también piadoso, olvide, ha disimulado o disminuido la tremenda culpa.


Son éstos: Juan José Durán, Damaso A. Larrañaga, Thomas García de Zúñiga, Fructuoso Rivera, Loreto de Gomensoro, José Vicente Gallegos, Manuel Lago, Luis Pérez, Mateo Visillac, José de Alagón, Gerónimo Pío Bianqui, Romualdo Ximeno, Alejandro Chucarro, Manuel Antonio Sylba, Salvador García, Francisco Llambí.


Así cerró el drama. El drama de un hombre solo y de su auténtico e inmaduro pueblo, que va de pelea en pelea, mientras la intriga de los de afuera, unida a la fuerza, y la traición y la flaqueza de los de adentro lo empujan a la muerte.


Treinta años más había de vivir Artigas, en su largo viaje, sin quejas, al fondo de la noche. Treinta años de una grandeza impar. La calumnia no respetó su callada y, sin duda, angustiosa soledad.


Después vino tardíamente la hora de la reparación y en ella todas las voces confluyeron para ofrecernos la imagen depurada e ideal de un jefe, sin sangre, sin huesos y sin barro, de un tutelar patriarca colocado más allá del bien y del mal, del error y de la injusticia. Depurada imagen, vacía de vida. Depurada imagen que pertenece a la hagiografía.


Y bien, hay que rescatar hoy y siempre al auténtico Artigas, de la doble conspiración que es una sola: la de la calumnia y la del incienso. En lo más hondo de la tierra las dos corrientes que chocaron en un terrible remolino durante los años de la patria vieja, continúan su curso. El personaje tiene un inaudito valor humano pero además es la encarnación de la esperanza y el destino nacionales. Fue el suyo el drama de la soledad, que soportó, como héroe alguno fue capaz de soportar. Maestro así de vida, porque todas nuestras desazones e infortunios son ridículos y mezquinos frente a cuanto él, en obstinado silencio, padeció.


Encarnó la orientalidad. Mientras aliente un oriental, Artigas vivirá. Pero fue también y sobre todo, el heraldo y profeta de la revolución nacional, esa que aún espera el llamado de los tiempos para realizarse. Por serlo, los hombres de "orden", lo acosaron, lo traicionaron, lo calumniaron. Antes que los "anarquistas" de Artigas, la intervención extranjera. Antes que la revolución de esos "anarquistas" se propagara, la entrega al enemigo secular, preparada "inteligentemente", con gran abundancia de palabras, por los doctores de chistera y levita, genuflexos y cobardes, pedantes y miopes.


Ahora como ayer, ha de volverse hacia el Artigas auténtico -sangre, nervios, huesos, barro- para reiniciar la marcha y lanzarse al combate, contra los herederos del alma de aquellos que consumaron la gran traición, esa gran traición todavía victoriosa, que recurre a los mismos métodos, las mismas prácticas, los mismos argumentos y los mismos apoyos -cambian sólo las denominaciones- para derrotar otra vez al artiguismo.


Carlos Quijano. MARCHA, 19 de mayo de 1961.

sábado, 27 de diciembre de 2025

Carta de José Artigas, 27 de Diciembre de 1820

 


 

Don Josè Artigas llega con 56 años a la madre capital de ciudades. Se presentan muchas interrogantes referidas sobre las tres décadas de presencia del protector de los pueblos libres en Paraguay. Las fuentes son escasas y los y las historiadores no tienen otra opción que especular en torno a las mismas, a veces forzando pecar en conclusiones.
¿Cuáles son las certezas nos quedan entonces?
Momentos antes de partir a la villa San Isidro Labrador de Curuguaty en donde permanecería unos 25 años Don José se pronuncia ante el supremo Dr. Gaspar Rodriguez de Francia a través de una carta firmada por él desde el el Convento Grande de San José del Paraguay de la Real y Militar Orden de Nuestra Señora de la Merced, popularmente conocido como Convento de la Merced o Mercedes.
Bitácora:
-25 de diciembre de 1820, “Lista de ùtiles y enseres proveídos al General Artigas por el Dr. Francia”

“Habiéndose dispuesto que Dn. José Artigas pase a morar en la Villa de San Isidro: el Tesorero de Guerra le proveerá competentemente de los efectos que puedan ser útiles para su decente vestuario y ropa interior, presentando la nota de ellos con agregación de los que a su llegada se le suministraron para el mismo fin, unos y otros con expresión del costo que haya tenido su compra. “El Dictador Francia”,
“Relación del valor de los efectos que por Suprema orden del veinte y cinco de Diciembre de mil ochocientos veinte, que va inserta se ha comprado para vestuario y ropa interior de Don José Artigas, hallándose próximo a morar en la Villa de San Isidro; y de los que a su llegada a esta Capital se le suministraron para el mismo fin por Suprema orden verbal desde el diez y seis de Septiembre de dicho año; y son: (La lista es extensa, compartimos el resumén;
Sumadas ambas partidas dan la cantidad de cuatro cientos cincuenta y ocho pesos siete y un octavo reales fuertes.
ASUNCION ENERO 1* de 1821.
Firma la lista BERNARDINO VILLAMAYOR, (Secretario de la República del Paraguay)


Artigas agradeció estas demostraciones en una expresiva nota que dirigió a Francia, con fecha 27 de diciembre, antes de partir para Curuguaty, uno de cuyos párrafos dice asi: ... “En virtud, y como conozco ya debidamente que la generosidad suprema de V. S. se había empeñado en multiplicar los obsequios a mi persona, y favorecer a un individuo desnudo de todo mérito para con V. S. no queda por cierto un lugar a mi disimulo para omitir una demostración como la presente, que refiera a V. E. mis finos agradecimientos y avive el ansia de mis deseos con que cada momento anhelo conocer y tratar aquel bienhechor...”
Estas palabras plenas de sinceridad no tuvieron respuesta.

La vida del héroe, paladín de la libertad, encerrado en la celda de un convento, se deslizaba en una monotonía aterradora que no pasó inadvertida al prior, bajo^ cuya custodia se encontraba. En una de sus diarias visitas,  llevó inteligentemente la conversación sobre este punto y le preguntó si se encontraba bien allí; Artigas le manifestó), someramente, su deseo de vivir en un ambiente más de acuerdo con su vida de soldado.
Al día siguiente, el prior le comunicaba de parte del dictador su resolución de que en breve pasaría a morar en la villa de Curuguaty, pequeña población, situada en medio de un desierto selvático, a ochenta y cinco leguas de Asunción; lugar de destierro y confinamiento para sus presos políticos, que mantenía bajo la vigilancia de una comandancia militar. Francia la describe asi; “Aquí estuvo recluso hasta que hice venir al comandante de San Isidro de Curuguaty, con quien lo hice llevar a vivir en aquella villa, donde se halla con los dos criados o sirvientes que trajo, por ser aquel lugar remoto el de menos comunicación con el resto de la República. Allí le hago dar una asistencia regular, porque él vino destituido de todo auxilio” (Oficio del 12 de mayo, 1821).
Artigas, en su citada nota, “agradece la muy justa determinación de su destino y residencia, que tan gustosamente ha aceptado”; agrega: “El prior superior de este Convento me previno en esta forma hasta otra providencia”.
Esperaban la llegada del comandante de Curuguaty, a que hace referencia, para que lo condujera. Mientras, se efectuaban los preparativos de viaje, por el río hasta villa del Rosario; después se dispuso que lo realizara por tierra. “Lo hice salir de noche, escoltado por algunos húsares, y viajando siempre de noche llegó a su destino”. Ignoramos el día de la partida. Deducimos por las fechas de las notas que fué en los primeros días de enero de 1821. Allá, en la lejana villa, vejetaría veinticinco años de soledad selvática, completada más tarde con el olvido, la miseria, la cárcel, el engrillamiento.(a1)Nota: La carta primera del 27 la encuentran en el Libro de Ana Ribeiro, este fragmento es de quien las dio a conocer por primera vez, la maestra Elisa Menendez.

El día 6 de enero de 1821 era fecha del cumpleaños del Dictador, que llevaba como nombre, precisamente, el de Gaspar. Ese día Artigas al enviar su segunda carta, incurrió en el llamado -lapsus calami- de fecharla en el mes que
acababan de dejar atrás (diciembre), pero en el año que comenzaba (1821), de
tal forma que el encabezamiento reza: "República de la Asunción, Diciembre 6 de 1821, fecha futura en la que estaría partiendo a Curuguaty.
En ella le hablaba nuevamente de su acierto al pedirle protección: "tendré el
lauro de haber sabido elegir por mi seguro asilo la mejor y más buena parte", y reiteraba asimismo su agradecimiento hablando de su "veneración" y su "cariño', términos habituales en el lenguaje político, que por entonces se emparentaba con el amoroso. Aludía a la fecha ("en este día en su celebridad los aplausos") y le manifestaba que "la gratitud de sus habitantes y la mía, reiterará en los tiempos venideros, hasta la posteridad duplicados obsequios, y gloriosas enhorabuenas a la suprema persona de V.E. Confusa, abigarrada, reiterativa y obsecuente en su deseo de agradar es esta segunda carta. Razón por la cual varios historiadores han señalado que algún fraile sumiso al Dictador fue quien la redactó. Aun en ese caso, nada obligaba al Caudillo, o a lo que quedaba de él, a poner al pie de la carta su firma, sobre la que no cabe duda caligráfica alguna.(b2)
-Carta 6 de enero; (2da carta)
Dice la segunda carta:
Excelentísimo señor. No le queda a mi deseo gloria a que anhelar para alcanzar su mayor lustre y honra, que hallar la ocasión de complacer los supremos honores de V.E. cuando encuentra mi veneración el acierto de consagrar un fiel obsequio de una enhorabuena al esclarecido supremo nombre de V.E. cuyo raro mérito forma este día en su celebridad los aplausos, que unidos a los afectos de una Nación ilustre, aclaman su virtud y heroicidad. Esta noble emulación, este empleo feliz del espíritu de los Ciudadanos, que oficiosos al decoro de su defensa de su jefe encarecen con el gusto su felicidad, empeña desde luego mis reconocimientos a tributara V.E. junto con mi enhorabuena las señales más expresivas de mi cariño; no menos que las demostraciones de mis deseos, con que aspiro logre la prosperidad aún mayores triunfos, en conservar la suprema Entereza de V.E. por dilatadas edades, para que se colmen de dicha las justas esperanzas de esta República, con la seguridad de su independencia y libertad amables, y logre poner en la suprema mano y poder de V.E. a salvo su felicidad de la injusta enemiga dominación y servidumbre: Y siendo por este ejemplo en lo sucesivo, como lo es al presente aplaudido de ésta y las demás Naciones, la gratitud de sus habitantes y la mía, reiterará en los tiempos venideros, hasta la posteridad duplicados obsequios, y gloriosas enhorabuenas a la suprema persona de V.E. como otros tantos laureles, que debe ofrecerle, y dedicarle en su desempeño una fidelidad reconocida. Y aunque los deberes de tan justas insinuaciones prometen al deseo en la suprema aceptación de V.E. un buen éxito, con toda mi confianza tan poca digna de igual suerte, teme acaso no ajustarse debidamente a la suprema moderación de V.E. No obstante acogiéndose mi rendimiento a la protección suprema de V.E. siempre lleva asegurado el acierto y felicidad, bajo el supuesto que en cualquiera fortuna tendré el lauro de haber sabido elegir por mi seguro asilo la mejor y más buena parte, tributando este obsequio a la nobleza suprema de la persona y prendas de V.E. cuya vida y aciertos prospere el cielo cuanto desea su más rendido afecto que B.A.V.E.L.M. (Besa a V.E. La Mano). República de la Asunción y Diciembre 6 de 1821- José Artigas.(c3)

Estaba dirigida al "Excelentísimo Señor Dictador Don José Gaspar de Francia, Dictador Supremo de esta República del Paraguay". Aunque sólo hubiera puesto su firma en la redacción de un fraile obsecuente', esta segunda carta hablaba de una certeza (haber conseguido "un seguro asilo") y un sentimiento (estar agradecido por ello) existentes en el Caudillo. Se apegaba a la vida y valoraba conservarla. No se rebelaba buscando la muerte, como tampoco la había buscado frente a Ramírez. Un animal acorralado busca desesperadamente sobrevivir y eso era lo que él había hecho hasta llegar a las puertas del Paraguay. Ahora hacía lo mismo, pero bajo la forma de la mansa aceptación de las órdenes del Dictador. La falta de respuesta a su pedido de verlo, la inminencia de su salida hacia Curuguaty, pautaban su final como "Caudillo', porque ya no representaba fuerza alguna. Agradecer y saludar al Dictador en el día de su cumpleaños era una manera de decir que había aceptado eso.(b2)


Artigas  se retiró por la noche en Asunción de la misma forma que ingreso. Al decir del prior del Monasterio, el dictador mandó a uno de sus ayudantes a llamar al Comandante de Curuguaty, que se presentó a los siete días.
Esa misma noche de su llegada un ayudante del Dictador fue a llamar a Artigas y, cuando éste estuvo en la puerta de calle, aquel le ordenó montara a caballo y lo acompañase al Comandante de Curuguaty que con diez hombres lo aguardaba, Artigas montó a caballo y colocándose a su lado el comandante, le dijo: "marchemos", y continuaron adelante, seguido de los diez hombres. (d4)


No se sabe si sus 2 asistentes lanceros viajaron esa misma noche o tiempo después. El libro de caja de hacienda de enero de 1821 consta de un remito de dinero al comandante de la Vila de 515 pesos para las mesadas de Don José, Se puede encontrar en los archivos del A.N.A, un documento llamado Inventario de los útiles de la comandancia de San Isidro Labrador de Curuguaty al hacerse cargo Juan Manuel Gauto en el año 1836, en dónde se publica el libro de mesadas de varios años.


Como mencionábamos al principio, es sabido que es muy escaza la información sobre Artigas en lapso de los 30 años, si bien en lo que refiere a cartas, como el caso de estas, en dónde utilizando un amanuense solo firmaría, al igual las del comandante Gauto en 1841-42, se encuentran como copias y originales de correspondencias oficial entre Uruguay y Paraguay o informes militares y comunicación con el General , el resto son ajenas a él pero sobre él como la  carta de informe a Rivera sobre la labor de Artigas, o menciones de Rengger y Longchamp,  Robertson, Bonpland, o las visitas que recibiera en Yvyray. Su última carta o palabras entendemos será la de rechazo al puesto de comandante de las milicias Paraguayas por el año de 1845 seguido de su traslado a la capital. Otras noticias también las encontramos en el mismo año de 1821, en los archivos del A.NA, trata de un sumario al Teniente Cura Venancio Toubé sobre excesos practicados por este, en el cual durante el ems de agosto, precisamente días 8 y 9 Artigas estaría celebrando con los vecinos las festividad de la virgen del monte Carmelo, en la página 8 hace mención al general llamándolo de “ El Americano”, no puedo dejar de pensar en el cura Cornelio Contreras que al enterrarlo el 23 de septiembre por la mañana lo llamo de extranjero.(americano o tupamaro en aquellos tiempos se utilizaba despectivamente)

Ningún historiador ha podido afirmar que Artigas haya escrito ni recibido una carta durante los 25 años de su permanencia en el lugar…el correo no existía en el país durante la autocracia de Francia. Es de suponer que cuando volvió a establecerse, en las postrimerías de su vida, la falta de comunicación entre él y los que le fueron queridos, mezclada con el tiempo y la distancia, habían levantado una muralla. (a1)

Con respecto a esto último, con motivos de celebrarse el bicentenario de Artigas en el Paraguay, la Academia Paraguaya de la Historia organizo una conferencia a través de las redes sociales en el mes de septiembre del 2020, en la misma, la presidenta de la academia, la historiadora Mary Monte revela el hallazgo o el conocimiento una serie de cartas, una docena en total escritas entre Gaspar Rodriguez de Francia y  José Artigas las cuales son parte de una comunicación entre ellos acerca del campo etc., entre los años 1823 y 1835 las cuales estarían en parte en el museo Mitre de Buenos Aires, archivo histórico, y las otras en el anuario del Dr. Francia realizado por Alfredo Viola.
Inexplicablemente ciertas, ojalá salgan a la luz pronto.

A1: Elisa Menéndez - Artigas defensor de la democracia
B2: Ana Ribeiro - El caudillo y el dictador
C3: Biblioteca Herib Campos Cervera, Centro Paraguayo Japonés
D4: Héctor Francisco Decoud - El Campamento de Laurelty

Nota: las cartas manuscritas publicadas en este blog como imagenes son de Artigas a manera de ejemplos, en las mismas relata los esfuerzos realizados para liberar a su pueblo del dominio español.



 

jueves, 18 de diciembre de 2025

Solar Curuguateño de Artigas en Google maps

 Gracias a la tecnología, hoy podemos ver y recorrer las inmediaciones del lugar al cual se reconoce como Solar de Artigas en la Villa de San Isidro labrador de Curuguaty. Enlace para visualizar aquí: https://maps.app.goo.gl/k93pEFpoLZNATNUf9?g_st=ac