viernes, 17 de julio de 2026

El Pacto de Sangre y el Libro de Ibiray: A 205 años del martirio de Fulgencio Yegros y el trágico puente de 45 años hasta la muerte olvidada en combate de su hijo Rómulo

 

Las páginas de nuestra historia se tiñen de un profundo luto que une a dos generaciones en un mismo sándwich de fechas y de gloria. Hoy, 17 de julio, se cumplen 205 años de la mañana de 1821 en que el Brigadier General Fulgencio Yegros —cuyo nombre significa "brillante, resplandeciente"— fue fusilado bajo el "Naranjo de la Residenta" por orden del Dr. Francia.

Nacido en febrero de 1780 en Quyquyhó, Yegros fue una figura clave en la Revolución de Mayo de 1811 que condujo a la independencia del Paraguay. Tras la gesta patriótica, ocupó diversos cargos de la máxima relevancia, incluyendo el de primer cónsul!, al cual Francia le acompaña en 1813. Sin embargo, la relación entre ambos se deterioró y, en 1820, mencionan algunos textos que participó en una "supuesta conspiración" para derrocar al Dictador, y que de esa forma el descubrimiento del "supuesto plan" lo llevó a su arresto y posterior ejecución en 1821 (creencias sin fundamentos para cuidar la silla). Este trágico evento marcó el fin de una etapa dorada dominada por los líderes de la independencia, consolidando el poder absoluto de Francia. La ejecución de Yegros se convirtió en el símbolo más crudo de la transformación de la revolución en dictadura; un quiebre institucional que lo convirtió en un mártir de la independencia y víctima del autoritarismo. Tras el exterminio y silenciamiento que impuso la tiranía, sus legados pasaron a un injusto segundo plano. Si se quiere hasta el presente.

Pero el destino quiso que el calendario guardara una coincidencia temporal que estremece. Mañana, 18 de julio, se cumple el aniversario de la muerte de su hijo, el Coronel Rómulo José Yegros Esperati (Speratti), (fruto de su matrimonio con doña Josefa Facunda Esperatti Uriburu). Solo 45 años separan el trágico final de ambos, convirtiendo estos dos días de julio en un verdadero santuario de la memoria. Ambos murieron por la patria con poco màs de 40 años.

Fue el 18 de julio de 1866, durante las sangrientas jornadas de la Guerra Guasú, cuando el Coronel Yegros cayó heroicamente en el sector de Potrero / Boquerón del Sauce (distrito de Humaitá, Ñe'embucú), liderando una trinchera frente al avance de las fuerzas aliadas. En ese escenario de violencia extrema se cruzaron los destinos de hombres formidables: allí cayó el implacable militar español-uruguayo León de Palleja por el bando de la Triple Alianza, y del lado paraguayo entregó su vida el heroico general Elizardo Aquino, el verdadero "León Luqueño", junto al coronel Vallejos. Rómulo recibió un disparo en el pecho y, tras agonizar tenazmente, falleció poco después cuando era trasladado hacia Asunción. El propio general José E. Díaz ordenó recoger su cadáver para ser sepultado con los máximos honores militares en el cementerio de Paso Pucú. Al igual que la de su padre, su memoria quedó injustamente eclipsada por décadas, pero su huella continental es monumental.

Rómulo había nacido el 6 de julio de 1818, por lo que apenas tenía dos años cuando le arrebataron a su padre en el Naranjo. Sin embargo, creció para convertirse en el hombre que, como perfilara Fidel Maíz, tenía las condiciones para heredar el liderazgo de la República. Lejos de ser un militar pasivo, Rómulo fue quien "abrió la cancha" para el Paraguay mediterráneo. Documentado en el Archivo Nacional de Asunción (ANA) y en la prensa de la época, cruzó en dos oportunidades a caballo y a pie todo el Río Grande del Sur en Brasil para buscar una salida comercial hacia el océano Atlántico, abriendo la ruta diplomática que luego lo llevaría a Río de Janeiro y a Europa (1853-1854) en la crucial comitiva de apertura al mundo junto a Francisco Solano López.

Y es en esa travesía continental donde se cierra el círculo de un Pacto de Sangre que venía desde el principio del siglo.

El origen: Enero de 1807

En las Invasiones Inglesas, durante el combate del Buceo en Montevideo, el joven oficial paraguayo Fulgencio Yegros cayó gravemente herido en la espalda. Fue el Blandengue José Gervasio Artigas quien lo rescató bajo fuego y le salvó la vida en una cirugía de emergencia. Historiadores como Wisner de Morgenstern y Julio César Chaves destacan que allí nació una hermandad inquebrantable. Yegros le dedicó unas décimas al Protector que se volvieron canción patriótica y que en 1819 llevaron a varios jóvenes a las prisiones de Asunción por cantarla en las calles en claro desafío al aislamiento de Francia: “…Aunque digas o no digas lo que siente tu corazón: repites el nombre de Artigas, por salvador de la Nación. Viva el General Artigas, su tropa bien arreglada: lejos de malas intrigas, tiene la causa ganada...”

14 de Mayo de 1850: El "tío" recibe al "sobrino" en la Santísima Trinidad

Cuarenta y tres años después de aquel rescate en el Buceo, el 14 de mayo de 1850 —coincidiendo simbólicamente con la fecha patria paraguaya— el entonces Teniente de Caballería Rómulo Yegros llegó hasta los campos de la Santísima Trinidad en Ybyray. Iba a visitar al viejo Protector en su exilio. Era, moralmente, el sobrino yendo a abrazar al hombre que le había salvado la vida a su padre antes de que él siquiera naciera.

En ese histórico encuentro, fue el propio Artigas quien le obsequió a Rómulo un tesoro: un ejemplar de "La conversación consigo mismo", obra del Marqués de Caraccioli (traducido por Francisco Mariano Nifo, Madrid, 1817). En sus páginas, el viejo caudillo dejó estampada una dedicatoria de su puño y letra:

"A mi Exmo. amigo Tte. de Cablle Dn. Romulo Jòsé de Yegros. Santma. Tdad. Mayo 14 de 1850. JOSE ARTIGAS"



Aunque durante mucho tiempo se tejió confusión alrededor de la fecha y la firma, un riguroso estudio caligráfico resguardado en la biblioteca del Palacio Legislativo del Uruguay en el años 2011 certificó de manera inapelable la veracidad histórica del documento: la firma es auténtica y de puño y letra de José Gervasio Artigas. ESTA ES LA VERDADERA ÙLTIMA FIRMA DE DON JOSÈ!.

El regreso a Uruguay en 1930: Devolución de hermandad

Ese libro sagrado permaneció custodiado celosamente por la familia Yegros en Paraguay. En 1930, con motivo del centenario de la independencia uruguaya, la familia Yegros decidió donar la reliquia al Poder Legislativo uruguayo. Lo hizo en un contexto profundamente emotivo: como un gesto de gratitud.

La encargada de llevar el libro a Montevideo fue su pequeña hija, Enriqueta Alejandrina Yegros, biznieta del prócer, quien integraba una delegación escolar de 150 jóvenes alumnos costeada por la Comisión Nacional del Centenario. La reliquia regresó paso a ser custodiada en el Palacio Legislativo, manteniendo vivo el lazo del Solar de Ibiray donde Rómulo y el viejo Caudillo se habían abrazado ochenta años antes.

Nota de la página: Aprovechamos este santuario de la memoria para enviar un saludo muy especial y un abrazo fraterno a los descendientes de la familia Yegros, entrañables amigos de esta casa, constantes colaboradores y fieles seguidores de nuestro blog y artículos. Es gracias a su custodia del recuerdo familiar que estas verdades históricas siguen latiendo con fuerza en la Provincia Gigante.

¡Memoria eterna a los Yegros, a la lealtad artiguista y a la Patria Grande!

Roberto Schiappapietra

La Huella de Josè Artigas 

2026 

Orcid/0009-0008-9152-6273 

P.D.; Querida Marga, en un futuro 14 de mayo cuando todo se caiga vamos a ver que volverà la memoria al corazòn del Pueblo

jueves, 2 de julio de 2026

A 209 años de la Batalla de Apóstoles, un enfrentamiento clave ocurrido el 2 de julio de 1817.

 

Para conmemorar y describir los hechos de la jornada del 2 de Julio de 1817 hemos tomado 2 posteos al respecto a manera de fuente documental. Aquí los compartimos 

1-


Batalla de Apóstoles: las tropas misioneras se cubren de gloria.

A fines de 1816 los Pueblos del Paraná habían sido incendiados y derrumbados por los paraguayos y su población adentrada a ese País a la fuerza. En tanto en enero y febrero de 1817, el Comandante lusitano Brigadier Francisco Das Chagas Santos, inició un proceso de saqueo y tierra arrasada a los efectos de eliminar todo asentamiento Misionero en las márgenes del Uruguay. Todo era destrucción, muerte y dolor en Misiones.

Nadie mejor que alguien del propio bando invasor para describir la situación:

“Cometieronse en aquella ejecución indescriptibles actos de horror; viose un teniente del ejercito brasileño, Luis Mairá, estrangular más de un niño y jactarse de ello; viose la inmoralidad, el robo y el estupro en auge; viose, finalmente, la religión católica ofendida en todas partes”
(Memoria histórica del Regimiento de Santa Catarina – Almeida Coelho)

Andrés se abocó a recomponer sus fuerzas los primeros meses de 1817 luego del desastre de San Borja, con el objeto de expulsar al invasor que mantuvo diferentes fortificaciones en territorio Misionero. El cuartel general se fijó en Apóstoles, que junto a San José y San Carlos habían logrado evitar la destrucción total. Inmediatamente se repararon armas y se construyeron chuzas, la idea era contraatacar y llevar la guerra a territorio Portugués cuanto antes.

Chagas no entendía la mágica recuperación del ejercito Misionero y decidió invadir nuevamente, con la intención de forzar un enfrentamiento de ejercito contra ejercito en campo abierto y eliminar finalmente la armada Misionera. Repasó el vado de San Lucas (cercanías de Azara, donde 2 años más tarde sería atrapado Andrés), con 700 hombres bien armados y entrenados. Pese al frio invernal marchó veloz y mantuvo la sorpresa.
El 2 de Julio se formaron de espaldas al sol naciente, en la margen izquierda del arroyo caa mañó, decididos a arrasar el pueblo de Apóstoles. Los Misioneros enarbolaron la bandera encarnada advirtiendo la pelea a muerte sin dar ni pedir misericordia. En ese instante comenzó una gruesa lluvia, y los defensores de Apóstoles embatieron violentamente contra la formación Portuguesa en las afueras del Pueblo. La esperanza de los Misioneros era que el vendaval impida manipular la pólvora de los invasores. Se produjo un intercambio de piedras, flechas y plomo, pero la disciplinada tropa de Chagas dispersó la columna defensora hacia el interior del Pueblo. Ir de frente contra los cañones fue demasiado arrojado, y la cohesión se desmoronó. En su parte de guerra el invasor y asesino Brigadier Das Chagas señaló:
“El escuadrón de la izquierda rompió el fuego tomando los costados del cementerio y la huerta. El de la derecha ganó al galope el portón del segundo patio y por el centro atacó nuestra infantería, que luego tomó la bandera encarnada siendo muerto su portador y atacando a los gauchos, huyeron éstos para la plaza y acosados por nuestra fusilería corrieron por el patio del colegio, cuyo portón cerraron guarneciéndose adentro con sus tiradores; así como por las ventanas de la iglesia de donde nos habían iniciado fuego. Al mismo tiempo, los milicianos de la derecha habían forzado el portón del segundo patio debajo del fuego de los gauchos, que precipitadamente corrieron para el primer patio, en que hubo mucho fuego de ambas partes”.
Ya habían mandado a buscar a Andrés, quien se concentraba en San José con la caballería. Deberían prepararse y cabalgar 20 kilómetros, para llegar con la montura agotada y entrar en combate inmediatamente. Toda una proeza militar.

Mientras tanto los defensores reunidos en la última defensa, tras los muros más gruesos del convento y la Iglesia, frenaban a los invasores que alcanzaban las alturas.
Repetidamente trataron de incendiar los techos, pero la lluvia torrencial lo impedía. Cuando los portugueses intentaban disponer los cañones frente a la puerta del convento, desde adentro contraatacaban con furia y los obligaban a retroceder. La situación se tornaba desesperante, pero poco tiempo había para lamentarse, ya que la lucha empeñaba a todo el mundo hombre, mujeres y niños.
A las 3 de la tarde llega Andrés, y Chagas envía a José María Gama con 120 soldados de caballería de los Dragones de Río Pardo, a cortarle el paso. En un primer momento parece haber triunfado la caballería Portuguesa sobre los 200 Misioneros, pero instantes después comprendieron que estaban rodeados y estaban metidos en una rápida maniobra de pinzas. Sin dudar, los dragones portugueses se escaparon del campo a todo galope, para refugiarse tras la artillería. Chuzas, balazos, rostros demoníacos y los gritos aterrorizantes de los Misioneros, en busca de venganza, fue demasiado para ellos.
Sin detenerse, los Misioneros se dividieron en dos columnas. Una comandada por el Capitán Matías Abucú, oriundo de Apóstoles, quien lucía su uniforme de granadero entregado por el mismísimo General Misionero José de San Martín. Cuando Abucú irrumpió en el interior del Pueblo concentró en él todo el fuego enemigo, pero no pudieron abatirlo. Los defensores vieron la carga desde el interior de los muros y contraatacaron con furia a los soldados trepados a los muros.
Varios portugueses trataron de rendirse al quedar aislados, pero fueron masacrados con saña. Los gritos de quienes veían la muerte frente a ellos, desgarraban la cortina de agua que cubría todo. No gastaron pólvora en ellos. Andresito junto a su estado mayor encabezó el ataque frontal a Chagas. En la carga el Comandante General de Misiones, junto a sus Pantaleón Sotelo, el Cura Acevedo, Nicolás Aripí, Nicolás Cristaldo y Francisco Javier Siti se atracaron contra la infantería de Santa Catarina, la mayoría europeos de la armada asaltante. La inusitada violencia del choque obligó al retroceso de los invasores, que huían tratando de recargar sus armas y evitando que una chuza los traspase.
El griterío era enloquecedor. Entre la lluvia, el barro y el humo de pronto vieron al asesino Brigadier Francisco Das Chagas y los jinetes extrajeron sus pistolones repasando a lo bruto una barrera de picas que mató a varios Misioneros. Una descarga de plomo golpeó a Chagas en el hombro, y en la confusión de su caída se produjo un repliegue masivo.
La caballería Patriota se mantuvo hostigando a los invasores que ahora abandonaban el campo protegidos por tres cañones ágiles. Chagas estuvo a punto de ser tomado prisionero y debió sacrificar un grupo de soldados que frenaron a Andresito en la costa del Uruguay, pagando con sus vidas. La disciplina de tropas fogueadas en Europa frenó que todo termine en desastre total para los invasores.
Ya de noche de regreso a Apóstoles, el Pueblo había reunido 84 cadáveres de ambos bandos y muchos heridos propios, de los cuales varios no lograrían sobrevivir por las infecciones. Las luces de las antorchas y el silencio hacían más espectral la pila de muertos mutilados en el piso mojado.
Unos meses antes Andrés Artigas había dicho:
En ningún tiempo mejor que ahora debemos todos los hijos de la Patria hacer mayor esfuerzo en obsequio de nuestro País, y si así no lo verificaramos, se perdería todo lo ganado.
(Andresito al Comandante de Curuzú Cuatiá, 23 de enero de 1817)
La Patria de Andresito y del ejército Misionero, no era otra que los territorios y Pueblos Misioneros, de los cuales eran legítimos herederos. Su ideal político idealizaba con construir una Confederación de Estados Soberanos.
La batalla de Apóstoles fue un bálsamo en el marco del desgarrador dolor provocado por la matanza de la población, a inicios de 1817. Pronto el Iberá sería el último refugio para los Misioneros, pero aún así diariamente cada centauro se preparaba para llevar la guerra al Brasil y recuperar los territorios y Pueblos perdidos. La Humanidad debe conocer el temerario valor y entrega del Pueblo Misionero, que terminó luchando hasta su último aliento y en el estertor final, mientras la luz de sus ojos se apagaba, las finales imágenes eran las de su sueño de Libertad e Igualdad.
¡Escuchen! ¡Despierten hermanos Misioneros! ¿No son los ecos de las tropas en combate? ¿No es el grito de la carga frente al cañón del invasor? No dejen que se apague ese rumor. Que eternamente los cascos de los caballos del ejército Misionero golpeteen nuestro suelo, como dijo el Comandante Andres Guacurari y Artigas

“La muerte será una gloria, el morir libres y no vivir esclavos, que, como héroes, los posteriores cantarán”.


2-

📅 2 DE JULIO DE 1817

🥁 Batalla de Apóstoles: la gran victoria de Andresito Guacurarí en defensa de las Misiones

Un día como hoy, 2 de julio de 1817, se libró la histórica Batalla de Apóstoles, uno de los enfrentamientos más trascendentales de la resistencia de los pueblos misioneros contra la invasión lusobrasileña. En esta jornada, las fuerzas comandadas por Andrés Guacurarí y Artigas, conocido popularmente como Andresito, derrotaron al ejército portugués dirigido por el brigadier Francisco das Chagas Santos, consolidando una de las mayores victorias militares de la Liga de los Pueblos Libres.

Tras meses de saqueos y destrucción de los antiguos pueblos jesuítico-guaraníes, los portugueses cruzaron nuevamente el río Uruguay con unos 800 soldados veteranos, muchos de ellos con experiencia en las guerras napoleónicas. Su objetivo era destruir el cuartel general establecido por Andresito en Apóstoles y acabar definitivamente con la resistencia misionera.

Las fuerzas de Andresito estaban integradas principalmente por guaraníes, criollos y pobladores sobrevivientes de las reducciones de San Carlos, San José, Concepción, Santo Tomé, La Cruz, Mártires, San Javier y otros pueblos devastados durante la invasión. No eran un ejército profesional, sino hombres y mujeres que defendían su tierra, su libertad y su forma de vida.

Durante el combate, los misioneros resistieron el ataque portugués refugiándose entre los ranchos, talleres y el templo del pueblo. En medio de una intensa lluvia, Andresito llegó con refuerzos de caballería procedentes de San José y lanzó una carga decisiva que quebró las líneas enemigas. El brigadier Francisco das Chagas Santos resultó herido y ordenó la retirada. Los invasores fueron perseguidos hasta cruzar nuevamente el río Uruguay, dejando el campo de batalla en poder de las fuerzas misioneras.

La victoria de Apóstoles fue mucho más que un éxito militar. Representó la defensa de los ideales de la Liga de los Pueblos Libres, encabezada por José Gervasio Artigas, que propugnaba el federalismo, la autonomía de las provincias, el respeto a los pueblos originarios y la oposición tanto al centralismo porteño como a la expansión del Imperio Portugués. Andresito fue uno de los principales comandantes de este proyecto político y militar.

🇵🇾 La conexión con Itapúa

La historia de esta batalla también guarda un estrecho vínculo con el actual departamento de Itapúa. Años antes, el paraguayo Vicente Antonio Matiauda, subdelegado y comandante de Candelaria, había impulsado contactos con Artigas buscando incorporar el antiguo Departamento de Candelaria al proyecto federal. Aunque esa iniciativa fue frustrada por el gobierno paraguayo y nunca llegó a concretarse, demuestra que el ideario artiguista también encontró eco en la región que hoy ocupa el sur del Paraguay.

A 209 años de aquella jornada, la Batalla de Apóstoles continúa siendo uno de los mayores símbolos de la resistencia guaraní, de la defensa de las Misiones y del legado de Andresito Guacurarí, considerado uno de los más importantes caudillos indígenas de la historia rioplatense.

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PALABRAS FINALES:

Desarrollo y contexto histórico.

La política de tierra arrasada: Meses antes del combate, las fuerzas portuguesas habían iniciado una campaña violenta de saqueos, incendios y destrucción de pueblos misioneros situados en la costa del río Uruguay para debilitar la resistencia local.La emboscada inicial: El avance invasor fue disputado primero en el camino del arroyo Cuñamanó, donde los misioneros intentaron frenar las columnas enemigas sin éxito.El asedio al pueblo: Chagas Santos sitió el cuartel general de Apóstoles, arrinconando a un grupo de milicianos que resistió ferozmente en las ruinas de la antigua reducción jesuítica.El contraataque heroico: Cuando la defensa flaqueaba, el comandante Andresito ingresó sorpresivamente al pueblo con su caballería de reserva, rompiendo las filas luso-brasileñas y forzándolas a una retirada desordenada hacia el otro lado del río Uruguay.Significado e impacto territorialEste triunfo impidió que la corona portuguesa se anexara el territorio que hoy compone la provincia de Misiones. Es considerada una de las mayores gestas de la región y un símbolo de la resistencia indígena federal en el marco de la invasión luso-brasileña.